Divulgación

El culto a Serapis

A lo largo de la historia, la religión ha desempeñado un papel fundamental en la sociedad y la vida de las diferentes civilizaciones y pueblos que se han venido sucediendo desde los primeros pasos de la humanidad. Tanto es así que en más de una ocasión ha originado conflictos bélicos de gran trascendencia o han propiciado notables cambios sociales y políticos. Sin embargo, no podemos afirmar que haya supuesto siempre un motivo de ruptura entre los pueblos, sino que en determinados momentos ha sido utilizada para unir a diferentes culturas.

Busto bicéfalo de Osiris-Apis (Serapis).

Busto bicéfalo de Osiris-Apis (Serapis).

Tal es el caso que hoy queremos compartir con vosotros, un fenómeno de sincretismo religioso que tuvo lugar en el Egipto Ptolemaico y que se extendió rápidamente al mundo grecorromano, dos ámbitos muy diferentes en cuanto a costumbres y manifestaciones religiosas se refiere pero que vivían en esta época bajo la misma órbita política fruto de las conquistas de Alejandro Magno. Nuestro protagonista en cuestión no es otro que Serapis, una figura surgida de la unión del buey Apis, a su muerte, con Osiris. Este dios, a la que se atribuían una serie de cualidades muy similares a las del Hades griego, fue nombrado patrón de Alejandría y dios oficial de Grecia y Egipto por Ptolomeo I, en un intento por estrechar lazos entre ambos pueblos. Y es que los helenos, aunque variados en su origen geográfico, tenían una cultura y un sistema religioso común bastante diferente de la tradicional religión egipcia, cuyos sacerdotes mostraban un gran rechazo a las dinastías extrajeras que habían ocupado el trono del país del Nilo.

Apis, que era representado en la simbología egipcia con forma de buey, difícilmente hubiera sido asimilado con facilidad por los griegos de no ser por su unión con Osiris, un dios antropomorfo más acorde a los tipos de la religiosidad helena. Además, la existencia de precedentes en el fenómeno de sincretismo religioso, como el culto instituido años atrás hacia Zeus-Amón, hizo que Serapis tuviese una gran acogida en el mundo griego y romano.

En cuanto a su origen, cuenta Plutarco que su culto se había instituido en la ciudad de Menfis, pero que Ptolomeo I, tras recibir en sueños la visita del propio dios, decidió llevarse la estatua ubicada en dicho templo para instalarla en Alejandría, centralizando así su culto y llevando a cabo su posterior difusión. Lo cierto es que no sabemos a ciencia cierta si esto ocurrió así, y parece más probable que este culto fuese propagado paulatinamente desde los propios templos. En cualquier caso, se cuenta que a la llegada de la imagen a Alejandría, el sacerdote griego Timoteo y el egipcio Manteón la reconocieron como Serapis, lo que supondría una aceptación común de ambos sistemas religiosos.

Representación de Serapis con el cetro, el modius y Can Cerbero sus pies.

Representación de Serapis con el cetro, el modius y Can Cerbero sus pies.

Desde allí, su culto se extendió rápidamente y proliferaron sus representaciones en la estatuaria griega, donde fue representado siguiendo los cánones clásicos de su producción escultórica. Su forma humana, unida a la presencia del modius o medidor de grano, el cetro, la serpiente a sus pies o el can Cerbero harían que se identificase claramente como Hades, dios del inframundo que podría equivaler al egipcio Osiris. Pero su repercusión fue aún más allá, alcanzando sus mayores cotas en época del emperador romano Alejandro Severo y perdurando hasta el incendio del Serapeum de Alejandría hacia finales del siglo IV d.C., en el momento en que el edicto de Teodosio empezó a dilapidar las prácticas paganas.

Al tratarse de una divinidad sincrética, guardaba elementos propios de Apis, pero también de Osiris, de manera que era considerado el dios de la vida y la fertilidad, y al mismo tiempo, de la muerte y el inframundo; y estuvo estrechamente ligado a la curación de enfermedades. De hecho, está considerada una de las más antiguas manifestaciones de cultos mistéricos, y parece ser que a sus oráculos acudían multitudes en busca de una cura a sus enfermedades, ya que allí se ofrecían, a través de la interpretación de sueños, los remedios ofrecidos por el dios a los hombres.

Un culto tan enigmático como fascinante que pone de relieve la complejidad de las diferentes religiones y de fenómenos como el sincretismo y el contacto entre diferentes creencias y culturas.

Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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