Divulgación

El Ángel de Budapest

Dijo una vez Romain Rolland que “un héroe es todo aquel que hace lo que puede.” Una definición que creo que podría servir perfectamente para describir al hombre que hoy nos ocupa, aquel que muchos llamaron el “Ángel de Budapest” y cuya historia poco tiene que envidiar a la conmovedora y célebre iniciativa del empresario alemán Oskar Schindler.

sanz-brizHoy les propongo un recorrido por la vida de Ángel Sanz Briz, diplomático español que durante la Segunda Guerra Mundial llevó a cabo una encomiable labor en la Hungría ocupada por los nazis, salvando la vida de más de 5.000 judíos víctimas de las persecuciones y exterminios del Holocausto. Porque a pesar de todo, siempre hay motivos para la esperanza, e incluso en los momentos más oscuros aparecen personas que nos recuerdan que ni los horrores de la guerra ni el odio y la violencia injustificada pueden eliminar nuestro lado más humano, y que la solidaridad y el heroísmo no entienden de bandera, ideología, política o religión.

Nuestra historia comienza con un joven zaragozano licenciado en Derecho pocos años antes del comienzo de la Guerra Civil, en la que acabó participando dentro del ejército franquista. El fin de la contienda y la victoria de dicho bando le depararían una cómoda posición social y laboral que le permitió ejercer una prometedora carrera como diplomático, cuyo primer destino sería El Cairo.

Hasta aquí, tenemos una historia de lo más corriente sobre un hombre de negocios con una buena formación y que tuvo la suerte de gozar de las facilidades que el Régimen deparaba a sus partidarios y que lo llevó a desempeñar el trabajo para el que se había formado y a ocupar una posición bastante cómoda. Podríamos decir que fue un privilegiado en una España que apenas había empezado a recuperarse del hambre y la pobreza que trajo la guerra. Sin embargo, el giro hacia la épica y el carácter extraordinario de nuestra historia llegan hacia 1942, cuando es destinado a Hungría, un país que por entonces se declaraba aliado de Alemania pero no compartía la política de exterminio de los judíos.

Tan sólo dos años después, en 1944, la invasión alemana del país trajo consigo la implantación de una exhaustiva operación de persecución de la comunidad judía, cuyas funestas consecuencias fueron la muerte de nada menos que 565.000 personas, además de deportaciones, trabajos forzados y toda clase de medidas represivas que despertaron rápidamente la conciencia de nuestro protagonista.

En efecto, si echamos un vistazo a la correspondencia que desde Budapest enviaba Ángel Sanz Briz, vemos que desde bien pronto empezó a informar al gobierno español (cuya posición en la guerra fue de neutralidad pero de apoyo al Eje) de las atrocidades cometidas en el contexto del Holocausto, desde las primeras expropiaciones y medidas para controlarlos y aislarlos del resto de la población, hasta las ejecuciones y trabajos forzosos a que fueron sometidos en poco tiempo.

Pero una mera denuncia de la situación apenas podría ser tildada de heroica, ya que cualquier persona con una cierta humanidad se escandalizaría con los actos perpetrados durante el Holocausto. Lo que hace que nuestra historia pueda ser considerada una hazaña y que a Sanz Briz se le pueda catalogar como un héroe es su implicación y actuación al respecto, su empeño por salvar la vida de todos aquellos judíos dentro de sus posibilidades.

Placa en memoria de Ángel Sanz Briz en la Embajada española en Budapest

Placa en memoria de Ángel Sanz Briz en la Embajada española en Budapest

Para ello trazó un complejo y elaborado plan aprovechando su posición de diplomático y su conocimiento acerca de un Real Decreto de 1924 por el que se permitía reconocer como españoles a aquellos judíos descendientes de los sefardíes expulsados de la Península Ibérica en tiempos de los Reyes Católicos. Jugando sus mejores cartas, como la gran influencia de la que gozaba y los contactos de que disponía, se encargó de buscar a todos esos sefardíes y negociar con las autoridades del país su protección y traslado a un lugar seguro en virtud de los pasaportes españoles que entregaría a todos ellos. Sin embargo, se las ingenió para expedir estos pasaportes a todos los judíos posibles, independientemente de sus orígenes, de manera que de los más de 5.000 cuyas vidas consiguió salvar, apenas unos 200 eran sefardíes, ya que este sería el límite impuesto por las autoridades húngaras.

Resulta curioso cómo consiguió aumentar esa primera cifra de 200 judíos a los que podía otorgar el pasaporte, cuyo método se basó en lograr que un pasaporte sirviera no fuese individual, sino que sirviese para toda una familia, lo que brindó un salvoconducto y un bote salvavidas a miles de personas que andaban a la deriva entre las persecuciones y la represión que contra ellos se había desatado. Y así fue como la voluntad, compasión y solidaridad de un individuo supusieron un rayo de esperanza entre las tinieblas de la guerra, el radicalismo y la violencia.

Busto dedicado al "Ángel de Budapest" en su ciudad natal, Zaragoza

Busto dedicado al “Ángel de Budapest” en su ciudad natal, Zaragoza

Con el fin de la guerra, pudo continuar su labor como diplomático en contextos menos convulsos y donde alcanzó un gran éxito y reconocimiento. Desde Washington a Pekín, pasando por Bruselas o Roma (donde pasó los últimos días de su vida), el que fuera llamado el “Schindler español”, gozó de la admiración de numerosos países y organizaciones por su labor humanitaria. Pero sería a su muerte cuando le llegarían la mayoría de homenajes y reconocimientos, como la consideración de Justo entre las Naciones por parte de Israel, la Gran Cruz del Mérito Civil y de la Orden de Carlos III en España o la Gran Cruz de Gregorio Magno por el Vaticano, entre muchas otras distinciones.

Hoy también nosotros queremos sumarnos a ese reconocimiento a nuestra modesta y humilde manera con este artículo y con la esperanza de extender y difundir su historia y mostrarla como ejemplo de que existen héroes que no tienen superpoderes ni son producto de la fantasía y la imaginación, sino que las hazañas más prodigiosas pueden ser llevadas a cabo por cualquier ser humano.

Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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