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Se acerca el «Gordo» de Navidad

Ahora que noviembre apura sus últimos compases para dar paso a esa época del año en que nuestros televisores se llenan de anuncios, los comercios se engalanan de luces de colores y nuestras calles hierven entre el bullicio y la prisa de aquellos a quienes siempre nos gustó dejar todo para última hora, empiezan a oírse poco a poco los ecos de voces infantiles cantando al compás villancicos y premios con los que tratar de arrojar un poco de luz a estos tiempos a veces grises que nos ha tocado vivir.

Los niños de San Ildefonso cantan, año tras año, el Gordo de Navidad

Los niños de San Ildefonso cantan, año tras año, el Gordo de Navidad

Hay quienes ven en ella una época de puro consumismo, y no seré yo quien trate de negarlo, pero no puedo evitar sentirme imbuido del espíritu de ese niño que un día fui y que aún hoy (por fortuna) se resiste a dejar de soñar y de ver el lado más mágico y emocionante de la Navidad. Porque creo que no es necesario llevar a cabo un derroche de dinero sino más bien de ilusión, aquella que nos acerca al calor del hogar y la familia que dejamos atrás y que en estos días le ganan un pulso a la distancia para mostrarnos que, después de todo, siempre tenemos una mano a la que aferrarnos cuando aprieta el temporal. Esa ilusión que brota cuando los anuncios de turrón y loterías nos recuerdan que la rutina nos da un respiro y que, participemos o no de esas tradiciones, el calor de la Navidad está aquí para hacer que nos reencontremos con nosotros mismos y con aquello y aquellos que más valoramos.

Hoy, no sé si por influencia de ciertos almacenes y su manía de pasar del bañador y la sombrilla al árbol y las luces en “un abrir y cerrar de ojos”, o por una visita adelantada del fantasma de las navidades futuras, me gustaría sumergirme en la historia del que es una de las tradiciones más emblemáticas de estas fiestas en España; la celebración del sorteo de Lotería de El Gordo, que se remonta nada menos que a 1812.

Este sorteo nos ha deparado anuncios para el recuerdo, hasta el punto de que muchos (participemos o no) los esperamos impacientes cada año sólo por ver con qué idea nos sorprenden y esperando que sigan transmitiendo ese toque de sensibilidad y emotividad. Sin embargo, me gustaría remontarme unos siglos atrás, para conocer su origen y con qué finalidad nació dicho sorteo.

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Lo primero que encontramos es que surge en el contexto de la Guerra de Independencia como una propuesta del Ministro del Consejo de Indias Ciriaco González Carvajal para fortalecer las arcas del erario público sin tener que recurrir a la tradicional subida de impuestos y el descontento que provocaría entre una población ya de por sí bastante agitada por el contexto que le tocó vivir. De este modo, un 23 de noviembre de 1811, es aprobada por unanimidad en las Cortes de Cádiz la resolución por la cual se instituye como Lotería Nacional la nueva forma de un sorteo que ya se venía celebrando desde 1763 pero que ahora adquiere carácter oficial. Sería pocos meses después, en marzo de 1812, cuando tuviera lugar el primer sorteo de la llamada “Lotería Moderna”, que se fue extendiendo al resto del país a lo largo de los años y con el fin de la contienda.

"Doña Manolita", una de las administraciones de Lotería más antiguas y famosas de España

“Doña Manolita”, una de las administraciones de Lotería más antiguas y famosas de España

No obstante, aunque habría de pasar un tiempo para que empezase a adquirir la denominación de “Sorteo de Navidad” que hoy conocemos, la primera vez que se repartió el “Gordo” fue precisamente en diciembre de 1812 en Cádiz, donde el billete de 40 reales tendría como premio una suma de 8.000 pesos fuertes.

Como sabemos, los tiempos han cambiado mucho, y aquello que surgió como una forma de recaudar dinero por parte del Estado, si bien no ha dejado de serlo, también ha dado lugar a muchos otros fenómenos, como la repercusión que ha tenido en la publicidad nacional y el hecho de se haya constituido como un elemento emblemático de la llegada de la Navidad, que a muchos ha conquistado por su valor simbólico más que por el afán consumista de los tiempos que corren, y que forma ya parte del imaginario colectivo.

 

 

Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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