La Revolución Industrial, ¿una gran divergencia?

El interés por el estudio de la Historia y sus diferentes enfoques y líneas de interpretación nos lleva hoy a profundizar en un autor y un concepto que, sin duda, supusieron una gran novedad en el campo de investigación y que, si bien no estuvo exento de controversia y debates académicos, resultan muy interesantes en tanto que abren el abanico de posibilidades de estudio de este apasionante campo de conocimiento.

k6823Al concepto al que queremos hacer alusión es al de la “gran divergencia”, popularizado por Kenneth Pomeranz en el año 2000 con la publicación de su obra The Great Divergence: China, Europe, and the Making of the Modern World Economy, y a través del cual pretende realizar un análisis comparativo de los sistemas económicos asiático y europeo, centrándose sobre todo en China y en Gran Bretaña tras la Revolución Industrial, para señalar un radical distanciamiento entre ambos hacia el siglo XVIII. Y es que para este autor, hasta esta centuria no podríamos encontrar signos de una gran desigualdad en términos económicos entre ambos contextos, de manera que su evolución fue paralela, teniendo en cuenta las diferencias sutiles y menos trascendentales que pudiéramos encontrar a otros niveles.

Sin embargo, con la llegada de los cambios producidos en el siglo XVIII en Europa, y de forma más concreta en Inglaterra al calor del estallido de la Revolución Industrial, este autor va a señalar un cambio radical, una “gran divergencia” que conlleva una bifurcación de caminos entre ambos mundos, siguiendo cada uno de ellos una evolución diferente a partir de entonces. Es así como argumenta una superioridad a nivel tecnológico y económico del mundo europeo frente a China en todo el siglo XIX y XX que sólo se llega a reducir ligeramente en los últimos años.

Pero llegados a este punto cabe preguntarse ¿por qué la Revolución Industrial surge en un lugar tan concreto como Inglaterra en el siglo XVIII? He aquí el gran objeto de discusión y debate, que Pomeranz no consigue cerrar del todo, ya que sus ideas al respecto han sido rebatidas y todavía hoy dan de qué hablar. No obstante, su mérito es innegable, al tratarse de un pionero en el estudio comparativo de sociedades y culturas tan distantes y diferentes, dejando a un lado el eurocentrismo imperante y abriendo su ámbito de estudio a nuevos objetos y fuentes más globales y universales. En un intento por dar una explicación a este fenómeno, Pomeranz, cuyas ideas beben al mismo tiempo de las aportaciones de Eric L. Jones (autor de El Milagro Europeo) o David S. Landes (La riqueza y la pobreza de las naciones), afirma que los pilares fundamentales en que se sustenta esta transformación radical son, por un lado, la importancia de la explotación de un recurso como el carbón, que permitió una mejora significativa a nivel de comunicaciones, transporte e industria; y el descubrimiento y explotación de las colonias americanas, del Nuevo Mundo.

revolucion-industrial-inglaterraSegún la teoría de Pomeranz, desde mediados del siglo XVII, tanto China como Europa corrían el riesgo de caer en una “trampa maltusiana” (una situación en la que se consumen más recursos de los que se disponen), con la diferencia de que la segunda conseguiría salvar ese obstáculo. ¿Y cómo lo haría? A través de la Revolución Industrial, un proceso para el que estaba más preparada gracias, en gran parte, a esos factores anteriormente señalados (la disponibilidad de recursos como el carbón y la explotación de las colonias), y que podía haber estallado en cualquier parte de Europa, aunque finalmente lo hiciera en las islas Británicas, desde donde se fue extendiendo paulatinamente al continente.

Esta es, grosso modo, la idea general del autor, que utilizó un método comparativo muy novedoso, dando pie a una nueva forma de hacer historia, y que además recurrió a fuentes menos habituales, como el estudio demográfico  y el análisis de los niveles de consumo de ambas civilizaciones, abordando desde los alimentos hasta el uso de combustibles o las manufacturas textiles. De esta manera, consigue dar una explicación al cambio de rumbo que vive Europa a nivel socioeconómico con respecto a la otra gran potencia analizada. Sin embargo, su tesis puede suscitar ciertas críticas, destacando la revisión llevada a cabo por Peer Vries, quien parte de la base de que esa divergencia es real e incuestionable, pero no está de acuerdo en que fuera motivada únicamente por dos factores.

revolucion_industrial01Para él, el carbón no sería una fuente de energía insustituible, como tampoco lo sería América, y ninguna de las dos sería una condición imprescindible para que estallase la Revolución Industrial. Más bien al revés, se podría decir que la industria es la que empuja ese comercio con las colonias y ese despegue económico, y que la Revolución Industrial se produce gracias a un incremento de la productividad, y no a unos beneficios derivados del comercio y el uso de carbón. Y como prueba de ello, argumenta que en otros países de Europa donde se acaba extendiendo la industrialización, el colonialismo apenas tiene presencia, como sería el caso de Dinamarca.

También hay muchos otros puntos que pueden ser objeto de crítica, como el hecho de realizar un estudio de regiones tan amplias y complejas, que hace que a veces no se pueda generalizar y que haya muchos matices y detalles que se escapen al análisis del autor. Sin embargo, su gran aportación sería la de al abrir el camino hacia nuevos estudios y enfoques y al tratar de buscar el porqué de cuestiones que poco tienen que ver con las tradicionales historias locales o nacionales sino más bien con un nuevo enfoque más global. No cabe duda de que aún queda mucho que investigar y un largo camino que recorrer, pero he ahí el aliciente ideal para todos aquellos que nos dedicamos y nos dejamos llevar por el encanto de la Historia.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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