El Holocausto dejó imágenes imborrables en la memoria colectiva

El Holocausto nazi y el concepto de genocidio

El Holocausto dejó imágenes imborrables en la memoria colectiva
El Holocausto dejó imágenes imborrables en la memoria colectiva

La Segunda Guerra Mundial y sus efectos más devastadores, entre los que llama especialmente la atención el Holocausto perpetrado por los nazis contra el pueblo judío, han dejado una huella imborrable en la conciencia y la memoria de toda la humanidad. No cabe duda que fueron muchos más los episodios de violencia y represión desatados durante dicha contienda y que las pérdidas humanas y materiales así como el daño psicológico que todos ellos provocaron, desembocarían en una preocupación inmediata por buscar explicaciones y tratar de ofrecer posible soluciones para el futuro.

Sin embargo, en el caso que hoy nos ocupa nos centraremos en un episodio concreto como es el de la llamada Shoah, la persecución y exterminio de unos 6 millones de judíos por parte de los nazis. Y de forma más concreta, de cómo ésta influyó a las esferas políticas, intelectuales y académicas en la necesidad de definir y conceptualizar lo que había ocurrido a fin de definir los límites de este tipo de crímenes y poder juzgarlos y actuar en consecuencia. En este contexto, uno de los primeros términos que entra en escena es el de “genocidio”, utilizado por primera vez en 1944 por Raphael Lemkin en su obra Axis Rule in Occupied Europe para denunciar los crímenes llevados a cabo por los nazis. Este jurista polaco exiliado en Estados Unidos desde 1939 definiría el “genocidio” como «la puesta en práctica de acciones coordinadas que tienden a la destrucción de los elementos decisivos de la vida de los grupos nacionales, con la finalidad de su aniquilamiento».

Uno de los últimos juicios celebrados en Nuremberg en 1946
Uno de los últimos juicios celebrados en Nuremberg en 1946

Como podemos comprobar, su intención no era otra que la de la de lograr un consenso internacional con la definición de la actuación nazi como un genocidio en los términos en que él define y una condena y sanción hacia este tipo de actuaciones. Podríamos decir que su esfuerzo fue infructuoso en un primer momento, ya que en los juicios llevados a cabo en Núremberg desde 1945, los términos que se emplearon para juzgar a los acusados fueron los de “crímenes contra la humanidad” y no se otorgó una excesiva importancia a la persecución específica de los judíos. No obstante, tan sólo un año después, la ONU daba sus primeros pasos con una resolución en la que se define el genocidio como «una denegación del derecho a la vida de los grupos humanos» hayan sido destruidos por completo o sólo parcialmente por motivos religiosos, políticos, raciales… De esta forma, aún resultaba complicado distinguir entre este concepto y el que acuñaran las autoridades judiciales en Nuremberg.

El cambio llegaría en 1948, con la creación de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, impulsada por el propio Lemkin y que nace de manera paralela al Tribunal Internacional de Justicia. Se empieza entonces a generalizar y a cobrar fuerza el concepto de genocidio, que adquiere ahora una definición más sólida y es aceptado como un delito punible por parte del derecho internacional. Pero además, la firma de este documento por parte de 41 países y su ratificación por otros 133 hacen que se haya configurado como un importante instrumento de regulación internacional.

Raphael Lemkin en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (1948)
Raphael Lemkin en la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (1948)

No debemos obviar el hecho también importante de que en esta nueva definición no se hiciera referencia a aquellos grupos perseguidos por motivos políticos, principalmente por las exigencias de la URSS al respecto, ya que ello conllevaría una profunda investigación de la represión política llevada a cabo por Stalin durante y antes de la guerra. De esta manera, el genocidio sería un acto «cometido con la intención de destruir, totalmente o en parte, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso», permitiendo así dejar aparcada la cuestión de las persecuciones políticas.

Pese a todo, el gran mérito de Lemkin y de la Convención residiría en el reconocimiento del genocidio como crimen que atañe a toda la humanidad y contra el que existe el deber de actuar. Para ello, sería imprescindible la colaboración a nivel internacional y la actuación conjunta para la prevención y sanción de este tipo de crímenes por parte de los distintos gobiernos. Una tarea nada fácil, como podemos imaginar, ya que no sólo depende de la actuación de los estados, sino también de una definición precisa para cada caso de quién está implicado y en qué grado, aunque afortunadamente contamos con grandes aportaciones desde el campo de la Sociología, la Historia y el Derecho, así como una intensa labor a nivel intelectual y académico para buscar respuestas y definir las líneas de actuación.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

Ver todos los artículos
Publicar un comentario

(Spamcheck Enabled)

Escrito por Miguel Vega Carrasco

Iniciar sesión

Suscríbete al boletín

Correspondencia

Recibe los exclusivos boletines de Descubrir la Historia. Enviamos sólo información relevante. Servicio gratuito.

Tus datos están protegidos. Consulta nuestra política de privacidad.