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Un viaje por Lepanto

Tratamos de esbozar un retrato de lo que fue y significó una batalla que muchos conocemos pero que en muchas ocasiones sólo se recuerda de manera muy somera y parcial o por anécdotas como la de Cervantes.

488px-Paolo_Veronese_-_Battle_of_Lepanto_-_WGA24971Un día como hoy, allá por 1571, tiene lugar la que sería una de las grandes batallas navales de la Edad Moderna, en la que las tropas del Imperio Otomano se enfrentaron en el golfo de Lepanto a una coalición cristiana compuesta por España, los Estados Pontificios, Génova, Saboya, Venecia y la Orden de Malta, aglutinadas bajo el nombre de la Liga Santa.

Una contienda más que conocida por todos y que forma parte de uno de los episodios más recordados de la historia de España, principalmente por la relevancia que su desenlace tuvo en el devenir histórico del que sería el Imperio Español, aunque también contribuiría a su repercusión la participación de personalidades como Miguel de Cervantes, quien perdió allí su mano izquierda y acabó, tras su regreso a España, firmando la que sería una de las grandes joyas de la literatura universal.

Pero centrémonos un poco en la batalla en sí, para profundizar en las circunstancias que llevaron a ella y todos los efectos que acabó desencadenando. No se trata de elaborar una extensa historia de Lepanto ni de analizar todos y cada uno de los detalles que envuelven a este episodio histórico, ya que para ello contamos con una extensa bibliografía y una gran cantidad de fuentes a las que acudir. Lo que hoy queremos, más bien, es tratar de esbozar un retrato de lo que fue y significó una batalla que muchos conocemos pero que en muchas ocasiones sólo se recuerda de manera muy somera y parcial o por anécdotas como la de Cervantes.

Para dar respuestas a todo ello, lo primero que tenemos que plantearnos es el contexto en que nos movemos, con un Mediterráneo que se ha constituido como escenario de una disputa a gran escala entre el poderío imperial turco y las potencias cristianas, sobre todo a partir de 1570, momento en que los primeros ponen fin a una etapa de relativa estabilidad y paz para atacar determinados puntos geográficos estratégicos. Al sitio de Nicosia (en la actual Chipre), que por aquel entonces formaba parte de los dominios de la República de Venecia, seguirían las incursiones en otros puertos de dicha potencia, lo que provocaría una llamada de socorro al Papado, que como líder político de la cristiandad decide buscar la ayuda de la gran potencia militar de la época, el Reino de España.

800px-Battle_of_Lepanto_1571A pesar de la ayuda prestada por Felipe II, la coalición formada por sus tropas y las aportadas por Venecia y los Estados Pontificios no consigue ponerse de acuerdo sobre el modo de actuación ante el avance turco, situación que favorecería aún más el éxito de sus incursiones y acrecentaría su potencial peligro expansionista, imponiendo un duro pulso a la cristiandad europea.

Es entonces cuando la ineficacia de la alianza lleva a dichas potencias a llevar a cabo una iniciativa con la que aglutinar a las más importantes fuerzas navales y tomar cartas en el asunto, resultado de lo cual surge la llamada Liga Santa en mayo de 1571, gracias en gran parte a la mediación del Papa, quien se ve obligado a establecer una serie de condiciones a fin de contentar a todos sus integrantes y lograr una mayor organización por parte de todos. De esta manera, se configura una flota comandada por Juan de Austria, bajo cuyo mando estarían los capitanes generales de las diferentes potencias integrantes, y que tendrían como principal misión la toma de los enclaves turcos del Norte de África y el ataque sobre la propia Turquía, a fin de parar los pies a su expansión militar.

800px-Battaglia_Lepanto_in_VaticanoY así llegamos al día clave, la mañana del 7 de octubre de 1571, cuando las victorias navales turcas de los años precedentes se verían contrarrestadas por el resultado del enfrentamiento en Lepanto. Allí se invertiría la tendencia imperante hasta el momento, y las más de 300 embarcaciones de la Liga conseguirían infringir una dura derrota a la no menos poderosa flota otomana, lo que supondría un antes y un después en el conflicto. Se podría decir que la victoria cristiana sería trascendental en tanto que supuso un viraje sin precedentes en el enfrentamiento y la pugna que las dos grandes “superpotencias” de la época habían estado llevando a cabo.

Es por ello que este episodio ha sido considerado un punto de inflexión en la política internacional europea del siglo XVI ya que conduciría, por una parte, al comienzo del declive de un Imperio Otomano cuya hegemonía había ido in crescendo desde la toma de Constantinopla en 1453, y por otra parte, a la consolidación del Reino de España como la principal potencia política y militar de la época, llegando a alcanzar con Felipe II su mayor extensión y configurándose como el estandarte de la cristiandad europea, al menos por el momento. Luego vendrían los problemas derivados de la expansión y administración de tan vasto imperio y su posterior caída, pero esa es otra historia que se sale del tema de hoy y que merece un análisis mucho más complejo y profundo.

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