Marc Bloch

La gran aportación de Annales

374px-Historia_de_HerreraLa ciencia historiográfica, tradicionalmente, ha estado ligada a los fenómenos y acontecimientos más relevantes del ámbito político, y ya desde la antigua Grecia y el mundo romano se había venido imponiendo un estudio de ésta desde esta perspectiva, dejando a un lado otros fenómenos relativos al ser humano de igual importancia.

Esto es algo que todos sabemos, y aún en la actualidad podemos ver numerosos ejemplos de una historia limitada a la política. Sin embargo, también hemos asistido al nacimiento de una mayor multidisciplinariedad de este campo de conocimiento y una apertura hacia nuevos puntos de vista, nuevas perspectivas y nuevos objetivos. Y es que, tomando al ser humano como base y objeto principal de estudio, lo más lógico es que nos tengamos que preocupar por todos los factores que condicionan y orientan sus decisiones, su forma de vida y todo lo que lo rodea.

Es por ello que los grandes cambios y transformaciones que se producirían en los albores de la Edad Contemporánea, con la industrialización y el posterior desarrollo de sistemas políticos y económicos más complejos que alterarían de manera notable la vida de los ciudadanos, empezaría a desarrollarse un interés por una nueva Historia, en la que se tuvieran en cuenta las muchas variantes que condicionan el discurso y que afectan a las formas de vida del ser humano. De esta manera, ya desde el siglo XIX se empieza a abordar una novedosa forma de mirar al pasado, poniendo énfasis en lo social y económico, y no sólo en lo político, fruto de la cual sería la proliferación de diversas corrientes historiográficas, de entre las cuales hoy nos gustaría destacar a una escuela muy relevante.

Marc Bloch
Marc Bloch

Se trata de Annales, una corriente que toma su nombre de la revista homónima fundada en la Francia de los años 30 del siglo XX y cuyos “padres” fueron Lucien Febvre y Marc Bloch. Ellos serían los pioneros y la cabeza visible de una “primera generación” de la escuela que habría de erigirse como la gran alternativa a la tendencia académica imperante, haciéndose cargo de la labor de abordar el estudio del pasado desde una perspectiva más socioeconómica, y dándole así una dimensión mucho más amplia. Con sus estudios sentarían las bases para una nueva tendencia que sería continuada por varias generaciones más y cuya influencia sería incuestionable en el campo de la Historia, permitiendo que hoy en día hayamos superado ese “encasillamiento” tradicional al que estuvo tanto tiempo sometida.

Y es que el método de uno y otro autor permitieron centrar la atención en los grandes grupos y colectivos, y no sólo en los personajes que tradicionalmente habían destacada, además de imprimir un enfoque más global y completo al estudio de las diferentes épocas estudiadas. Por supuesto, ello implicaría un uso más crítico y exhaustivo de las fuentes, recurriendo a una mayor cantidad de ellas, pero siempre desde una perspectiva crítica y científica. De esta manera, se constituiría una nueva historia cuyas líneas no la escriben sus protagonistas tradicionales, sino todos los pueblos y sociedades, y donde el contexto económico, social e incluso ideológico serían determinantes en la sucesión de acontecimientos.

Lucien Febvre
Lucien Febvre

Entre sus obras, podemos destacar “El problema del descreimiento en el siglo XVI: la religión de Rabelais”, publicada por Febvre en 1942 y cuya principal aportación sería el estudio de un contexto histórico desde el punto de vista ideológico o de las mentalidades; o Los Reyes Taumaturgos (1924), donde Marc Bloch analiza los poderes curativos mágicos que en el imaginario medieval se atribuía a los monarcas franceses y británicos.

Ambos sentaron las bases de la que acabaría siendo una de las más grandes escuelas historiográficas y cuyos sucesores, autores de la talla de Fernand Braudel, Georges Duby, Jacques le Goff y un largo etcétera, continuarían este camino y traerían una serie de notables progresos e innovaciones al campo de la investigación histórica, otorgando a ésta un carácter más científico y elaborando un discurso más completo en que se aborde el pasado y presente del ser humano en toda su complejidad y teniendo en cuenta todo lo que condiciona y marca su existencia y sus actos.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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