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El abastecimiento de grano a las ciudades hispanorromanas

Una investigación de Javier Salido Domínguez expone con exactitud la ubicación de los horrea en la península ibérica, algunas innovaciones técnicas para su almacenamiento y la forma en que se distribuía

Javier Salido Domínguez explica en un interesante artículo publicado en la revista del Archivo Español de Arqueología que habitualmente se ha estudiado el abastecimiento de los alimentos empleando fuentes documentales, como el Codex Theodosianus, aunque posteriormente se han analizado los testimonios arqueológicos, representaciones en el arte, etc., para dar una visión diferente respecto a esta cuestión. Su investigación se centra en los restos materiales que informan sobre la producción, almacenaje y redistribución de los alimentos. Los restos a los que se refiere son los horrea, almacenes y graneros conservados tanto en el ámbito rural como en las antiguas urbes rumanas.

Horrea, Ostia (Wikimedia)
Horrea, Ostia (Wikimedia)

El origen de esta cuestión nos lleva a la reorganización del territorio en la época republicana con el fin de establecer una nueva fiscalidad. Esto produjo que surgieran las primeras villae en la Península Ibérica, que eran espacios para la explotación rural de un territorio que había sido previamente asignado. Sin embargo, según apunta el autor, los graneros que había en las villae han sido poco estudiados por la historiografía más reciente. Entre ellos, aquellos que se construían de manera sobreelevada son los que informan de la potencialidad agrícola del territorio, ya que estas estructuras permitían conservar el grano en condiciones óptimas de humedad y temperatura.

Sin embargo, estos silos eran destinados al autoabastecimiento de familias, emplear parte de la cosecha para el próximo año, vender los excedentes y pagar los impuestos en especie. Es difícil precisar cuánto grano podía almacenarse en los horrea puesto que en ellos no solo se conservaba cereal, sino también otros productos alimentarios perecederos que solían guardarse de manera separada, además de que una parte del espacio debía reservarse a que se movieran dentro los encargados de gestionar todos los alimentos almacenados en ellos. A eso se suman otros factores, como el desconocimiento del tamaño de los recipientes donde se almacenaban los alimentos.

Pero aunque no se pueda cuantificar el almacenamiento de los graneros, sí se puede suponerse que en las explotaciones rurales hispanas no se acumulaba todo el cereal que se producía, sino que podría pensarse que el interés sería vender los excedentes más que acumular la producción que podría perderse por diferentes factores como la humedad y la temperatura (que se minimizarían con las estructuras elevadas) o los insectos y roedores. Por tanto, la mayor parte de la cosecha se mandaría a las ciudades o mercados rurales.

En el artículo en el que divulga los resultados de su investigación, Salido expone con exactitud la ubicación de los horrea en la península ibérica, algunas innovaciones técnicas para su almacenamiento y la forma en que se distribuía. Por ejemplo, en la época altoimperial se dotó a las ciudades de mecanismos que permitían suministrar el cereal a la población a un precio asequible para la plebe. También afirma que en las fuentes clásicas es habitual encontrar referencias a la escasez de alimentos, por lo que eran llevadas a cabo políticas de abaratamiento del cereal. Sin embargo, explica que eso ocasionaba muchas veces todavía más escasez porque los comerciantes privados guardaban su cereal esperando a que subieran los precios para venderlos y ganar más con ello.

Fuente

Salido Domínguez, Javier (2013). “El abastecimiento de grano a las ciudades hispanorromanas. Producción, almacenaje y gestión”. Archivo Español de Arqueología, 86, págs. 131-148. Disponible en: http://aespa.revistas.csic.es/index.php/aespa/article/view/220/221

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