Mapa de la Constantinopla bizantina
Mapa de la Constantinopla bizantina (Wikimedia)

La fundación de Constantinopla

Constantinopla fue fundada por el emperador Constantino I atendiendo a criterios estratégicos. En este artículo damos algunas pinceladas del nacimiento de una ciudad fundamental para toda la Historia Medieval.

El emperador romano Constantino I fue quien promulgó el Edicto de Milán que concedía libertad religiosa a los ciudadanos y ampliaba las libertadas ya otorgadas por Galerio. Reconocía al cristianismo, esa religión que tanto habían perseguido los romanos, los mismos derechos que las otras religiones, con lo que consideraba que era compatible con el Estado romano. No solo se devolvieron los bienes confiscados, sino que también se reconoció a la Iglesia cristiana como personalidad jurídica.

Mapa de la Constantinopla bizantina
Mapa de la Constantinopla bizantina (Wikimedia)

Pero Constantino no solo es recordado como protector del cristianismo, sino que su otro gran reconocimiento en la historia fue la fundación de Constantinopla y el traslado del centro político del imperio a Oriente. Constantinopla fue fundada en el año 330 d. C. tras seis años de trabajos de embellecimiento y creación de defensas en la ciudad. Se dice que para estas obras utilizó a más de cuarenta mil trabajadores, en su mayoría mano esclava goda.

Para dar a Constantinopla dignididad de capital del imperio se trasladaron allí multitud de mosaicos, columnas, obeliscos y esculturas de otros lugares como Alejandría, Éfeso o Atenas. La ciudad fue reconstruida imitando a Roma, con foro, capitolio y senado, y el territorio se consideró suelo itálico, lo que significa que estaba libre de impuestos.

La burocratización del imperio fue uno de los cambios más importantes puesto que se separó lo militar de lo civil, se modificaron las divisiones administrativas y se aumentó el número de provincias y se crearon las diócesis. Cada prefectura estaba dividida en varias diócesis, y cada una de ellas, a su vez, en provincias, a excepción de Roma y Constantinopla, que estaban regidas por prefectos urbanos que dependían directamente del emperador.

Según algunas fuentes, Constantino pudo considerar otras ciudades en lugar de Bizancio, cercanas a su lugar de nacimiento (Naissus) o donde creció (Nicomedia). Al final, además de que el emplazamiento suponía grandes ventajas estratégicas, Constantino valoró la cercanía de Troya, que tenía un valor simbólico para los romanos porque fue el lugar desde donde había partido Eneas, que en la mitología creada por Virgilio en la Eneida, sería un ancestor de Rómulo y Remo, los fundadores de Roma. Además, siguiendo el ciclo de la historia, allí debía regresar el pueblo romano para un nuevo y alentador futuro.

Hay algunos cambios en la identidad de Roma que se materializan en el traslado de la capitalidad del imperio a Constantinopla. Uno de ellos es que en esta nueva Roma se fueron conjuntando los nuevos iconos cristianos con la tradición clásica, lo que creó un tríptico basado en elementos helénicos, cristianos y romanos. Por otra parte, es importante decir que en Constantinopla se otorgó importancia a la cultura, y ello llevó a que Constancio II fundara una de las primeras universidades del mundo, la Universidad de Constantinopla, aunque en el sentido moderno la primera es la Universidad de Bolonia. En la Universidad de Constantinopla se enseñaba Gramática, Derecho, Filosofía, Matemática, Astronomía, Medicina y Retórica.

La fundación de Constantinopla es una evidencia de la fragmentación del imperio en los tiempos de Constantino I, aunque no se dividió hasta el año 395. Recordemos que la decadencia en el imperio de Occidente fue mucho más acusada que en el de Oriente, que permaneció hasta el año 1453. A diferencia del Imperio Romano de Occidente, cuya fecha de su final está estipulada en el 476, con la deposición de Rómulo Augústulo.

Fuentes

Enciclopedia Historia de National Geographic Society (2013). El esplendor de Bizancio, pp. 15-17.

Wikipedia. Constantinopla. Consultado el 16-09-2014. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Constantinopla

Escrito por
Álvaro López Franco

Director de 'Descubrir la Historia'. Mi ámbito de especialización es la historia contemporánea y la historia de la comunicación social. Vicedirector del Instituto de Estudios Campogibraltareños, entidad académica que promueve la investigación en el ámbito geográfico del Campo de Gibraltar.

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1 comentario
  • Todavía NADIE me ha llegado a explicar porque “en el sentido moderno la primera es la Universidad de Bolonia” y no la de Constantinopla (Pandidakterion tes Magnauras). La gente lo repite como si fuesen loros…pero nadie dice el porque de esa afirmación la cual se sostiene únicamente por pura vanidad historicista pro-occidentalista. Aparte de lo que se menciona en el artículo conviene señalar que en esa ciudad y en ese Imperio surgieron los primeros hospitales modernos (pues se hicieron civiles y se establecieron en las ciudades). En cualquier siglo de su milenaria historia, en proporción hospital por millón de habitantes, tenía más hospitales por millón que cualquier Estado en el actualidad. En el siglo X tenía 650 hospitales y 26 millones de habitantes. España hoy tiene 732 y 47 millones de personas (uno de los mejores sistemas de Sanidad del Mundo). Bizancio dio al Mundo la primera historiadora conocida (Ana Comneno), la primera compositora (Kassia), las primeras unidades policiales femeninas (vigla), la primera enciclopedia del Mundo: La Suda (30.000 entradas), los primeros edificios antiterremotos del Mundo, el primer molino flotante, la primera ley pro-aborto del Mundo (en el Corpus Iuris Civilis, a petición de Teodora, amén de muchas leyes favorables a la mujer, herencias, propiedades, etc), el tenedor, El Derecho romano codificado, ampliado y mejorado, la pervivencia de lo grecorromano, la administración romana y la cultura helena. Sin el Imperio Romano de Oriente (lo de “bizantino” es poco menos que un invento posterior a partir de 1557) poco o nada sabríamos ahora sobre la Antigua Grecia y Roma (todo tipo de manuales, etc).

Escrito por Álvaro López Franco

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