El hombre prehistórico también comía caracoles

Nuestros antepasados remotos ya comían caracoles allá por el Paleolítico Superior, y más concretamente, por la época de la industria Gravetiense; hace unos 30.000 años aproximadamente, para que nos entendamos mejor.

Con el fin del verano, llega también el de una tradición de que muchas familias y grupos de amigos disfrutan en las plácidas noches estivales, como es la de sentarse en la terraza de turno a degustar un buen plato de caracoles o cabrillas aderezados con las más variadas salsas. Un hábito alimenticio que a pocos deja indiferente y que, por lo general, o se aprecia mucho o se detesta, ya que su aspecto y el hecho de estar ingiriendo ese tipo de animal puede resultar desagradable para más de uno.

No es mi caso, y es por ello que no he podido evitar rememorarlo al encontrar este artículo de National Geographic en el que se nos muestra el carácter milenario del consumo de este alimento. Salvando distancias, y terrazas y tintos de verano aparte, lo cierto es que nuestros antepasados remotos ya comían caracoles allá por el Paleolítico Superior, y más concretamente, por la época de la industria Gravetiense; hace unos 30.000 años aproximadamente, para que nos entendamos mejor.

Al menos esto es lo que parecen indicar los restos encontrados en la Cova de la Barriada, yacimiento ubicado en la zona de Benidorm (lugar que, curiosamente, es hoy uno de los destinos turísticos más elegidos en esta época del año), y donde una serie de importantes investigadores han llevado a cabo un análisis en profundidad cuyos resultados han sido publicados en la revista científica Plos One.

cova-barriada-exterior-pAllí se han encontrado los restos más antiguos hasta la fecha de caracoles terrestres en un asentamiento humano, lo que hace sospechar seriamente en un consumo de éstos por parte de los grupos que allí habitaban y que, como sabemos, recurrían a todos los recursos posibles que el medio les ofrecía para sobrevivir. A estos restos hay que añadir además los encontrados en la Cueva de Nerja (Málaga), lo que nos habla de un consumo más generalizado y, a su vez,  más antiguo que el que se llevaría a cabo en los Balcanes, Marruecos o Francia, donde habría de esperar al menos unos 10.000 años.

Nos encontramos, por lo tanto, con una práctica que sería, por el momento, exclusiva de la zona de la Península Ibérica en época gravetiense, coincidiendo con una intensificación y una mayor diversificación de recursos del Homo Sapiens, que abre su espectro alimenticio a nuevas especies. En definitiva, lo de comer caracoles «no se inventó ayer», como quien dice, y los grupos prehistóricos ya debían ser conscientes de su aporte energético y sus ventajas.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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