Divulgación

Breve historia del bienestar animal

El ser humano se sitúa en una posición de dominación sobre el planeta, no solamente sobre los animales. Esa idea parte, según se suele considerar, de tres fuentes. En primer lugar de la costumbre de la caza, compartida por todos los animales carnívoros u omnívoros. En segundo del concepto bíblico (Génesis 1:20-28) en el que se da a Adán el dominio sobre los peces del mar, las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. En tercer lugar, procede de la suposición de que los animales no pueden tener derechos porque no pueden razonar, no tienen un lenguaje ni conciencia.

Pitágoras (Wikimedia)

Pitágoras (Wikimedia)

Se dice que fue Pitágoras el primer filósofo que trató el tema de los derechos de los animales (siglo VI a. C.). También en la citada Biblia existen fragmentos (Levítico 22:28: “sea vaca u oveja, no podrán ser sacrificados en el mismo día”) que se preocupan por cierto bienestar animal.

En el derecho romano el bienestar animal apenas tenía importancia, y una prueba de ello es la gran cantidad de animales que fueron sacrificados en los juegos. Pero sí es cierto que algunos autores, especialmente Porfirio, apuntaron que no era apropiado matar seres vivos para la comida. También en la obra de Virgilio, Lucrecio y Ovidio hay algunas consideraciones morales sobre los animales.

El término sánscrito Ahiṃsā se refiere a un concepto filosófico que aboga por la no violencia y el respeto a la vida. Es una doctrina muy importante en el budismo e hinduismo, que llega a afirmar una equivalencia moral de animales y humanos. Ya en el siglo III a. C. algunas sociedades budistas e hinduistas adoptaron esta tradición y proclamaron la necesidad de proteger a los animales castigando duramente a quienes mataban una vaca o un perro, por ejemplo.

Hemos visto, de manera superficial, qué decía el Cristianismo, el hinduismo y el budismo al respecto. Mahoma, por su parte, consideraba permisible matar animales, pero hacerlo sin necesidad o con crueldad quedó prohibido.

Ya en la Edad Moderna comenzaron las primeras leyes conocidas que protegen a los animales. Esto desacredita absolutamente las palabras del pregonero de este año (2014) de las fiestas del Toro de la Vega (Tordesillas, Valladolid) André Viard, presidente del Observatorio Nacional de las Culturas Taurinas de Francia. Viard afirmó: “no olviden que las primeras leyes de protección animal fueron aprobadas por los nazis”. Vemos que no solo no fueron los primeros, sino que queda muy lejos el año de la primera ley conocida que data de 1635. Se aprobó en Irlanda (ver The Statutes at Large. Dublin, 1786, chapter 15) y prohibía esquilar lana de ovejas y atar arados a las colas de los caballos, basándose en la crueldad que se empleaba en el trato a los animales.

Más tarde, en 1641, la colonia de Massachusetts aprobó un sistema de leyes protegiendo a animales domesticados basadas en el Massachusetts Body of Liberties. Uno de los derechos reconocidos, el número 92, decía: “a ningún humano le es permitido efectuar algún tipo de tiranía o crueldad hacia alguna criatura nacida que esté normalmente retenida para uso humano”. Esta idea se oponía a la corriente cartesiana que impregnaba la época y que, como veremos ahora, era bastante diferente a estas normas.

Descartes publicó en 1641 unas Meditaciones que, basadas en su Teoría Mecanicista del Universo, definían a los animales (no a los humanos) como autómatas complejos sin almas, sin mentes, sin razonamiento y sin las capacidades de sufrir o sentir. Además, Descartes decía en su Discurso del Método que la capacidad de usar lengua y razonamiento incluye la capacidad de poder «responder a todo tipo de contingencias de la vida», una capacidad inexistente en los animales, ya que los sonidos expresados por los animales, dedujo, no constituyen una lengua sino respuestas automáticas a estímulos externos.

John Locke (Wikimedia)

John Locke (Wikimedia)

Uno de los principales opositores de Descartes fue John Locke, quien en Algunos pensamientos educativos (1693) afirmó que la crueldad con los animales tendrá efectos negativos sobre la evolución ética de niños, que más tarde transmiten la brutalidad a la interacción con seres humanos. Locke no consideró un concepto de derecho, pero las consideraciones filosóficas nos adentran en los argumentos que, luego, se utilizan en la creación de las leyes.

En el ámbito filosófico de la Edad Moderna, el último autor que destacamos fue Arthur Schopenhauer que se decantó por la perspectiva oriental respecto al bienestar animal y declamó: “la supuesta ausencia de derechos de animales, la falta de deber frente a la criatura, es una de las barbaridades de Occidente cuyo origen está el Judaísmo”.

Actualmente hay varios filósofos que se han preocupado por esta cuestión. Entre ellos, tenemos a dos españoles cuyas visiones son difícilmente conciliables: Fernando Savater y Jesús Mosterín. También los derechos de los animales se enseñan en facultades de derecho principalmente del ámbito anglosajón, aunque en la Universidad Autónoma de Barcelona se imparte el único máster de Europa en Derecho Animal y Sociedad. En cualquier caso es importante precisar que los derechos animales constituyen colección de derecho positivo y jurisprudencia cuyo objeto de Derecho es la naturaleza de los animales (no los animales como sujeto de Derecho), de manera que cada sentencia va sentando bases jurídicas.

Normalmente, cada artículo que publicamos finaliza con una reflexión. Este texto simplemente hace una aproximación histórica al bienestar animal, cómo se ha concebido este tema en diferentes culturas, religiones y periodos históricos. Sin embargo, sí debemos invitar a la reflexión individual sobre nuestra propia naturaleza y pensemos por un momento qué nos une a los animales y qué nos separa. Esto, como se dijo al principio del texto, no significa que no podamos alimentarnos de los animales, pero al menos pensar que sí se puede evitar un sufrimiento innecesario a los animales. Sufrimiento, por otro lado, que está más que demostrado que padecen.

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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