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La dolorosa evacuación de Gibraltar

En el año 1940, con Hitler a punto de dominar Europa continental, la población civil de Gibraltar fue evacuada. Comenzó así un evento que se prolongó hasta 1951, y que marcó el desarrollo político y social del Peñón.

En el año 1940 Europa estaba inmersa en la II Guerra Mundial. Por un lado, Reino Unido y Francia trataban de parar los pies a Hitler y, por el otro, Hitler y Mussolini ponían en jaque el débil equilibrio europeo. La II Guerra Mundial ha generado multitud de artículos, libros, documentales y películas, por el evidente interés que genera en las personas. Sin embargo, hay una historia que generalmente no se conoce ni se trata con asiduidad. Me refiero a la evacuación de la población civil de Gibraltar (1940-1951).

Durante la I Guerra Mundial, Gibraltar no participó de manera directa o, mejor dicho, abierta, ya que sí tuvo relevancia, por ejemplo, en el plano del espionaje. Muchos pensaban que la situación sería parecida en la II Guerra Mundial, pero las circunstancias fueron muy diferentes.

En primer lugar, en España había terminado una güera civil y en el poder había un dictador que no se sabía con certeza cómo iba a actuar en la guerra (por sus posturas cercanas al Eje) ni respecto a Gibraltar, ya que Franco reclamaba ese territorio para mantener la unidad territorial de España. En segundo lugar, las operaciones en el Mediterráneo iban a tener una gran importancia, y el peñón de Gibraltar era un enclave estratégico de primer nivel para los británicos.

Monumento en Gibraltar a los evacuados (Wikimedia)
Monumento en Gibraltar a los evacuados (Wikimedia)

Por estos motivos empezó a gestarse un plan de evacuación que fue anunciado oficialmente en el periódico local Gibraltar Chronicle el 17 de mayo de 1940 (“Government Notice no. 73”). Este fue el pistoletazo de salida para que 13.082 gibraltareños fueran llevados al Marruecos francés. Con ello se quería facilitar la creación de una fortaleza militar en Gibraltar con el personal civil necesario para dar servicio a los militares y con los hombres capacitados para la defensa de la plaza. Esto separaría a familias enteras, que vivieron esto como una tragedia.

Los gibraltareños vivieron una odisea, ya que mientras estaban en Marruecos, se produjo la capitulación de Francia el 25 de junio de 1940. Por tanto, los evacuados ya no estaban en suelo amigo. Se produjo el acelerado retorno de los gibraltareños al Peñón, no sin tensiones en el proceso (entre gibraltareños y la población autóctona, entre Reino Unido y el gobierno de la colonia y entre las fuerzas militares de Reino Unido y las francesas en Marruecos).

Tras su llegada a Gibraltar, se vivieron momentos complicados porque era necesaria la reevacuación inmediata a otros lugares. Incluso se planteó no dejarles bajar a tierra para ver de nuevo a sus familiares. Finalmente, el 19 de julio de 1940, comenzó la reevacuación, que se hizo principalmente a Reino Unido, aunque también a Jamaica y, los más afortunados y pudientes, a Madeira.

La reevacuación, que terminó un año después, el 4 de julio de 1941, llevó a un total de 14.999 gibraltareños, y fue solo el comienzo de años difíciles. Los que fueron enviados a Reino Unido sufrieron los efectos de la guerra, y los que fueron mandados a Jamaica vivieron otras penalidades. Ninguno se libró del dolor de estar alejados de su Roca y de sus familiares que quedaron atrás.

A partir de abril de 1944 empezaron a regresar a Gibraltar, aunque poco a poco. Casi cuatro años de vida militar en el Peñón hicieron que no hubiera casas para todos, y fue necesaria la elaboración de informes para la reubicación de los evacuados repatriados. Los últimos evacuados regresaron seis años después del fin de la guerra, en 1951.

Esta historia, tan resumida y sintetizada en este artículo, pone de manifiesto que los gibraltareños fueron desplazados por su potencia colonial, Reino Unido, y explica el sentimiento de autonomía y el nacionalismo que muchos sienten. Son mezcla inglesa y española, pero ni ingleses ni españoles. Desconfían de su vecina España pero también de su propio país. Por ello, antes de lanzar opiniones poco sustentadas, es bueno conocer la historia, que siempre aclara las cosas.

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