Galileo por Ottavio Leoni (1624)
Galileo por Ottavio Leoni (1624)

La abjuración de Galileo

 Galileo por Ottavio Leoni (1624)
Galileo por Ottavio Leoni (1624)

Se suele decir de Galileo Galilei que fue el científico que desafió a la Iglesia. También se le reconoce por ser padre de la astronomía moderna, la física moderna o la ciencia. Albert Einstein o Stephen Hawking han sido dos de los científicos que han defendido que Galileo ha sido el máximo responsable del nacimiento de la ciencia moderna. Todos estos comentarios se refieren a sus grandes aportaciones a la ciencia, especialmente en fundamentar las bases de la mecánica moderna o en las observaciones astronómicas que le permitieron apoyar las tesis copernicanas, por lo que se aportaban más pruebas de que la nueva concepción del universo, que chocaba con los dogmas de la Iglesia católica, era cierta.

Galileo vivió el Renacimiento, y los planteamientos intelectuales de este periodo le llevaron a interesarse por varias ramas de la ciencia, especialmente la física, la astronomía y las matemáticas, pero también por las artes. Una de sus principales aportaciones a la ciencia fueron las observaciones astronómicas que apoyaron el modelo heliocéntrico matemático propuesto por Copérnico y ampliado por Kepler. Pudo realizar observaciones más precisas gracias a que mejoró el telescopio, invento del que tuvo conocimiento y que trató de perfeccionar a lo largo de su vida.

Aunque este fue un hallazgo muy importante, le costó el enfrentamiento con la Iglesia católica. Al principio estuvo protegido por el papa Urbano VIII, pero la publicación en 1632 de su obra Diálogo sobre los principales sistemas del mundo provocó revuelo en el seno de la Iglesia, especialmente entre los jesuitas del Colegio Romano, que se consideraban la rama intelectual de la Iglesia. Ellos iniciaron el rumor de que uno de los interlocutores del diálogo en el que expone las ideas en esa obra, Simplicio, era en realidad el papa Urbano VIII. Ese personaje era un defensor de la teoría aristotélica, pero bastante mediocre. Ello provocó que el Papa se mantuviera en la posición de los enemigos de Galileo, lo que fue el comienzo de su fin.

 Galileo ante el Santo Oficio, por Joseph-Nicolas Robert-Fleury
Galileo ante el Santo Oficio, por Joseph-Nicolas Robert-Fleury

En el año 1616 se censuraron las teorías copernicanas, que Galileo trataba de demostrar experimentalmente. La obra de Galileo de 1632 había pasado la censura, por lo que para que la Inquisición pudiera juzgarlo era necesario cometer irregularidades en el proceso, como acusar de cometer herejía en su obra, lo que denotaba que los censores no habrían hecho un buen trabajo. Por ello, la acusación oficial fue la de violar la prohibición de 1616 sobre las teorías copernicanas.

Podríamos deducir que el juicio de Galileo supuso una importante humillación para él. En 1633, con casi 70 años, fue sometido a cuatro interrogatorios y obligado a abjurar de sus ideas. Con ello, el Papa le conmutó una prisión perpetua por un arresto domiciliario de por vida. A continuación se puede leer el texto de la abjuración de Galileo, que tuvo que leer públicamente. Este documento se podía consultar en la exposición que hizo el Archivo Secreto Vaticano en 2012 con el título Lux in Arcana.

«Yo, Galileo, hijo de Vincenzo Galileo de Florencia, a la edad de 70 años, interrogado personalmente en juicio y postrado antre vosotros, Eminentísimos y Reverendísimos Cardenales, en toda la República Cristiana contra la herética perversidad Inquisidores generales; teniendo ante mi vista los sacrosantos Evangelios, que toco con mi mano, juro que siempre he creído, creo aún y, con la ayuda de Dios, seguiré creyendo todo lo que mantiene, predica y enseña la Santa, Católica y Apostólica Iglesia.

Pero, como, después de haber sido jurídicamente intimado para que abandonase la falsa opinión de que el Sol es el centro del mundo y que no se mueve y que la Tierra no es el centro del mundo y se mueve, y que no podía mantener, defender o enseñar de ninguna forma, ni de viva voz ni por escrito, la mencionada falsa doctrina, y después de que se me comunicó que la tal doctrina es contraria a la Sagrada Escritura, escribí y di a la imprenta un libro en el que trato de la mencionada doctrina perniciosa y aporto razones con mucha eficacia a favor de ella sin aportar ninguna solución, soy juzgado por este Santo Oficio vehementemente sospechoso de herejía, es decir, de haber mantenido y creído que el Sol es el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra no es el centro y se mueve. Por lo tanto, como quiero levantar de la mente de las Eminencias y de todos los fieles cristianos esta vehemente sospecha que justamente se ha concebido de mí, con el corazón sincero y fe no fingida, abjuro, maldigo y detesto los mencionados errores y herejías y, en general, de todos y cada uno de los otros errores, herejías y sectas contrarias a la Santa Iglesia. Y juro que en el futuro nunca diré ni afirmaré, de viva voz o por escrito, cosas tales que por ellas se pueda sospechar de mí; y que si conozco a algún hereje o sospechoso de herejía, lo denunciaré a este Santo Oficio o al Inquisidor u Ordinario del lugar en que me encuentre.

Juro y prometo cumplir y observar totalmente las penitencias que me han sido o me serán, por este Santo Oficio, impuestas; y si incumplo alguna de mis promesas y juramentos, que Dios no lo quiera, me someto a todas las penas y castigos que me imponen y promulgan los sacros cánones y otras constituciones contra tales delincuentes. Así, que Dios me ayude, y sus santos Evangelios, que toco con mis propias manos.

Yo, Galileo Galilei, he abjurado, jurado y prometido y me he obligado; y certifico que es verdad que, con mi propia mano he escrito la presente cédula de mi abjuración y la he recitado palabra por palabra en Roma, en el convento de Minerva este 22 de junio de 1633. Yo, Galileo Galilei, he abjurado por propia voluntad».

Escrito por
Álvaro López Franco

Director de 'Descubrir la Historia'. Mi ámbito de especialización es la historia contemporánea y la historia de la comunicación social. Vicedirector del Instituto de Estudios Campogibraltareños, entidad académica que promueve la investigación en el ámbito geográfico del Campo de Gibraltar.

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