El origen del «Corpus Christi»

En su edición de hoy, el diario El Mundo nos trae un interesante artículo sobre el origen de la fiesta del Corpus Christi, una de las grandes festividades del calendario cristiano.

Al parecer, esta fiesta, que se ha configurado como uno de las celebraciones más representativas del catolicismo, surge como una de los principales asuntos de discusión que dentro del seno de la Iglesia se han llevado a cabo con el paso del tiempo, prácticamente desde sus inicios, y tiene relación con el conocido como “misterio de la Transubstanciación”, o lo que es lo mismo, la atribución al pan y al vino de una extensión del cuerpo y la sangre de Cristo.

14030905389499Pues bien, resulta que algunas fuentes apuntan a la posibilidad de que este ritual se reforzara a raíz de las carcajadas de una mujer en plena misa. Sí, tal y como lo oyen, en una celebración de misa por parte del papa Gregorio Magno, allá por el siglo VI, una panadera no pudo evitar reaccionar de esta manera ante la afirmación de que un producto que ella misma había realizado esa mañana pudiera ser llamado el “cuerpo de Cristo”. Y es que, al parecer, en un primer momento no fue sencillo hacer entender al común del pueblo el concepto de la “transubstanciación”, de manera que cabría la posibilidad de un cierto escepticismo al respecto.

¿Cómo podría la Iglesia, entonces, hacer ver a sus fieles que se podría llevar a cabo una comunión con la esencia de Cristo a través del pan y el vino? Que no se trataba de una mera formalidad, sino que tenía un carácter sagrado. En este sentido, se sucederían una serie de acontecimientos catalogados por el Papa como “milagros” con el fin de reforzar la institución definitiva del “Corpus Christi” como festividad oficial católica hacia el siglo XIII.

800px-Disputa_del_Sacramento_(Rafael)Entre ellos, quizás el más destacado sería el llamado “milagro de Bolsena”, ocurrido en esta misma localidad del Lacio (Italia) en 1263, y que llevó al papa Urbano VI a promulgar la celebración oficial de esta festividad. Según las fuentes, un sacerdote proveniente de la región de Bohemia, inmerso en la duda acerca de la verosimilitud de este acto, fue testigo de cómo empezó a brotar sangre de una hostia consagrada, esparciéndose por los corporales y el altar del templo, lo que hizo que inmediatamente se convenciera de la importancia de la comunión, al tiempo que movía a las autoridades de la Iglesia a otorgarle definitivamente un carácter oficial.

Esta historia, que fue aceptada y reconocida por la Iglesia como un auténtico milagro, jugaría un papel esencial en este proceso, como colofón de todas aquellos otros casos, que no fueron pocos, en los que se dieron situaciones particulares o fuera de lo común con respecto al tema de la transubstanciación.

800px-Hostia_i_komunikantyPor supuesto, este tema ya es una cuestión de creencias personales y no se puede tomar como una fuente de conocimiento histórico totalmente fiable, ya que se trata de historias envueltas en muchos casos en un matiz legendario y a veces un tanto exageradas. Sin embargo, sí que nos resulta curioso cómo el origen de un rasgo tan común del catolicismo pueda depender, en parte, de la opinión escéptica del pueblo, que no siempre aceptaba y acataba lo que se le decía, como tradicionalmente se piensa, sino que mostraba ciertas reticencias y la exigencia de pruebas con las que ser convencidos de sus propias creencias.

Con el paso de los siglos, no sólo se aceptó entre la comunidad eclesiástica que un elemento como el pan pudiese representar el cuerpo de Cristo, sino que, de hecho, actualmente se ha convertido en uno de los pilares rituales del catolicismo.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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