El catastro de Ensenada, ¿la primera declaración de la renta?

El «catastro de Ensenada» fue una iniciativa promovida por el marqués de Ensenada que desde 1749 hasta 1755 se encargó de llevar a cabo un complejo y profundo censo de la población castellana con el fin de establecer un impuesto único para todo el territorio.

Lavendimia_Goya_louSi nos preguntásemos acerca de un acto actualmente tan rutinario como el pago de impuestos, podríamos ver cómo éste es una constante a lo largo de la Historia, y como en prácticamente todas las épocas hubo un intento por parte del Estado de llenar sus arcas con las aportaciones del pueblo al que representaba. Algo lógico si tenemos en cuenta la enorme maquinaria que supone este órgano y la importancia que ha tenido en la mayor parte de sociedades y grupos humanos.

Pero hoy nos gustaría pararnos a analizar un caso concreto que se produjo en España hacia el siglo XVIII y que representa perfectamente esa intención por parte del Estado de controlar sus bienes así como a su población, con la intención de lograr una mayor organización administrativa y un mejor funcionamiento de su política. Se trata del conocido como «catastro de Ensenada», una iniciativa promovida por el marqués de Ensenada (de ahí su denominación) que desde 1749 hasta 1755 se encargó de llevar a cabo un complejo y profundo censo de la población castellana con el fin último de establecer un impuesto único para todo el territorio.

El Marqués de Ensenada, Zenón de Somodevilla y Bengoechea
El Marqués de Ensenada, Zenón de Somodevilla y Bengoechea

Se trata de una iniciativa muy llamativa por varios motivos. En primer lugar, por ser la primera recopilación oficial de información a gran escala sobre todos aquellos territorios que componían España, que rondaban nada menos que los 15.000 pueblos. Una tarea harto compleja si tenemos en cuenta que estamos hablando del siglo XVIII, con las dificultades para recoger y guardar esa ingente cantidad de información. De ello se encargaría una amplia red burocrática que abarcaría desde funcionarios hasta alcaldes de las diferentes villas y pueblos.

Es por ello que hay voces que señalan que se trata de «la primera declaración de la renta de los españoles», en la que se buscaba acabar con los privilegios fiscales de que habían gozado tradicionalmente ciertos sectores de la sociedad, así como crear un aparato de recaudación fiscal mas eficaz y equilibrado, en el que los impuestos fueran proporcionales a la riqueza de cada ciudadano.

Otro motivo por el que debemos subrayar la importancia de esta medida es el hecho de acabar con la gran cantidad de impuestos heredados de la época de la Reconquista y que cada vez se estaban volviendo más obsoletos, injustos e ineficaces. Con la sustitución de todos ellos por un impuesto único, no sólo se conseguía una distribución fiscal más justa y ordenada, sino también se daban pasos hacia la mayor unificación del reino, uno de los grandes pilares de la política española de la época.

Sin embargo, hay que señalar que no toda España fue sometida a tal medida, ya que los vascos contaban, desde principios de siglo, con una serie de privilegios que le permitían mantener sus fueros y sus ventajas fiscales como compensación por su apoyo militar en la Guerra de Secesión Española.

En cualquier caso, el proceso sería bastante complicado y conllevaría un gran esfuerzo por parte de cada pueblo, que debía organizarse en torno a su alcalde y sus funcionarios para recopilar la información y entregársela a los intendentes que desde el gobierno central eran enviados. Se procedía a la elaboración de interrogatorios, que posteriormente se plasmaban por escrito a fin de dejar constancia de la información recogida, y para ello se seleccionaba a aquellos individuos que mejor conocieran a su pueblo y sus vecinos, ya que se tenían en cuenta factores muy variados como la cantidad de tierra cultivable, los oficios desempeñados por cada individuo, el tipo de pueblo que era o cuántos establecimientos había en la villa y a quiénes pertenecían, entre muchas otras cuestiones.

La gran cuestión es si finalmente se pudo llevar a buen puerto dicha iniciativa o si, por el contrario, fracasó. Y en este sentido, debemos tener en cuenta el importante papel de la nobleza y el clero en aquella época y el hecho de ser uno de los grupos más perjudicados por el establecimiento de un impuesto único en función de la renta. Como cabía esperar, su postura ante ello fue de rechazo y oposición, lo que impidió que finalmente se llevara a cabo.

El estado de conservación de muchos de estos interrogatorios es excelente, como podemos apreciar.
Muchos de estos interrogatorios se encuentran muy bien conservados actualmente.

Afortunadamente, podemos sacar algo muy positivo de este catastro, y es el hecho de que gran parte de la información recopilada ha llegado hasta nuestros días a través de los archivos históricos, que podemos consultar a través del portal PARES, y que nos resultan de gran utilidad para elaborar una reconstrucción de cómo sería la España del siglo XVIII, gracias a las más de 350.000 imágenes sobre estos interrogatorios a las que podemos acceder y cuyo estado de conservación es excelente.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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