Divulgación

¿Se puede enseñar Historia a través del cine?

Aquiles y Héctor según la película "Troya"

Aquiles y Héctor según la película “Troya”

Esta es una pregunta que puede surgir si nos paramos a pensar en la cantidad de películas inspiradas en temas históricos o aquellas otras que, sin ser estrictamente históricas, pueden hablarnos de un contexto determinado y de una forma de interpretar diferentes situaciones y sucesos históricos relevantes. Y es que la Antigua Grecia, la Edad Media con todo el imaginario que la envuelve o las grandes batallas y revoluciones son y han sido objeto de gran interés por parte de los cineastas para tomarlas como base a la hora de elaborar sus guiones. Es innumerable la lista de películas basadas en temas históricos desde que el séptimo arte diera sus primeros pasos allá por el siglo XIX.

Sin embargo, el hecho de ser un elemento fundamental y recurrente no implica que se trate siempre de una forma fiel y rigurosa. De hecho, lo más común es que a menudo se caiga en anacronismos y errores derivados de trasladar a un pasado remoto la forma de pensar y de ver el mundo que se tiene hoy en día y esa idealización y romanticismo que tanto gustan en Hollywood. Pero no es un error imperdonable, sobre todo si tenemos en cuenta la finalidad con que están hechas todas estas obras, que no es otra que la de entretener. Este es un factor a tener muy en cuenta, ya que no podemos valorarlas como documentos de análisis histórico ni como fuentes en la mayoría de los casos, sino como una forma de entretenimiento que responde a unas necesidades concretas y a unos gustos y aficiones.

Escena de la película "Gladiator"

Escena de la película “Gladiator”

Por ejemplo, no podemos tomar como referencia la película Troya para conocer la realidad que nos presenta el poema de Homero, ni tampoco podríamos negar que la película Gladiator destaque por su rigor histórico, pero en ambos casos, como en muchos otros, sí podemos decir que llevan a buen puerto su cometido, ya que parten de un tema histórico para contar una historia con la que evadir al espectador y transportarlo a otras épocas y lugares que saborear junto a un bol de palomitas. Además de que en muchos casos, el resultado puede llegar a convertirse en una obra maestra como la oscarizada Ben-Hur.

Por lo tanto, la respuesta a la pregunta que lanzamos sería, a simple vista, negativa. No se puede aprender ni enseñar Historia a través del cine. Pero podríamos matizarlo, no sería posible si sólo tomamos como referencia esa fuente, pero ¿acaso no resultaría útil si tenemos en cuenta las fuentes verdaderamente históricas? Pensemos que la imagen suele atraer mucho la atención, y en este sentido, tanto las películas como las series de televisión y videojuegos pueden ser elementos muy útiles para generar interés en temas relacionados con la Historia, en los que luego se puede profundizar.

En este sentido, un ejercicio que propone el profesor Fernando Lillo en la entrevista que recoge el blog Tábula, consiste en el visionado de películas históricas compaginado con el análisis de fuentes directas con la intención de discernir qué elementos se corresponden en mayor o menor medida con lo que la Historia nos cuenta y cuáles son adornos o licencias del autor, que nos muestra así su forma de ver e interpretar una época y darle su toque.

La película Casablanca, estrenada en 1942, trata el tema de la II Guerra Mundial.

Escena de Casablanca (1942), ambientada en la IIGM

Además, hay ocasiones en las que incluso podemos utilizar películas como fuentes de estudio, como es el caso del cine oficial del régimen nazi o las películas rodadas en los Estados Unidos durante la II Guerra Mundial, que nos muestran los valores, ideales y temas que resultaban de mayor interés y que interesaba difundir y promover en base a unos determinados intereses políticos.

En definitiva, aunque no se puede decir que sea una fuente histórica tan fiable, lo cierto es que del cine se puede aprender y se puede utilizar como una herramienta de enseñanza y difusión de la Historia siempre y cuando se haga de la manera correcta y mostrando un buen criterio para reconocer que no todo lo que vemos tiene por qué ser real, de la misma manera que no todo lo que está escrito tiene que ser cierto. He ahí la gran tarea del historiador, que debe profundizar en las fuentes, contrastar la información y tratar de acercarse lo máximo posible a la verdad.

Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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