Divulgación

La complejidad de al-Ándalus: Abderramán I

Muchas veces tenemos un concepto homogéneo de los hechos históricos. Es algo normal porque en ocasiones es difícil dar un sentido coherente a no ser que se profundice mucho en los acontecimientos de la historia. Un ejemplo es el dominio islámico de la Península Ibérica desde el año 711 hasta 1492.

En la península convivían hispanorromanos, visigodos, sirios, árabes y bereberes en el año 750. Eso en lo que respecta a la etnia, porque también había diferencias religiosas: musulmanes, cristianos convertidos al Islam (muladíes), cristianos (mozárabes) y judíos. Por tanto, ni en lo religioso ni en lo étnico había unidad, y tampoco la había en la organización territorial.

Estatua de Abderramán I en Almuñécar (Wikimedia) Abderramán - Abderramanalmu  ecar  - La complejidad de al-Ándalus: Abderramán I

Estatua de Abderramán I en Almuñécar (Wikimedia)

Para ejemplificar esto conviene hablar de la historia de Abderramán I. Nació en Damasco en una familia de la dinastía Omeya. Tras la muerte del califa Marwan II comenzó la dinastía de los abesíes. El nuevo califa invitó a sus rivales omeyas a un banquete en Abú Futrus (Palestina), temeroso del poder que todavía tenían, y allí los masacró a todos. Abderramán consiguió escapar junto a pocos miembros de su familia: su hermano, sus hermanas y su hijo de cuatro años, además de un liberto griego.

Tras diversas complicaciones, como dejar atrás a sus hermanas y a su hijo o la capitura y decapitación de su hermano, llegó al norte de África junto con el liberto griego. Desde Ceuta, donde arribó en el año 755, envió un agente para buscar apoyos entre clientes de su familia, que eran numerosos en la región que corresponde a la actual Granada.

La situación en la península era de confusión porque el emir Yusuf (o Yusef) era una marioneta en manos de una facción. Esto dividía aún más a los árabes y bereberes, que mantenía conflictos raciales, y también a los árabes entre sí por las pugnas entre las tribus.

Este panorama permitió a Abderramán desembarcar en Almuñécar (localidad donde se encuentran referencias a su figura) apoyado por sus partidarios. Entonces comenzó una campaña contra el poder de Yusuf. Terminaría logrando la victoria en la capital del emirato: Córdoba.

En su ejército había sirios, yemeníes y bereberes. En todo momento trató de controlar a sus tropas, la mayoría mercenarios, y evitó motines demostrando su capacidad en el mano, en combate y en la estrategia, ganando de esta manera el respeto de sus soldados.

Como curiosidad: la bandera de los omeyas en la península fue el turbante y la lanza, que fue la que crearon de manera improvisada en la batalla final contra Yusuf al no tener ningún estandarte.

A partir de su victoria se designó como emir independiente de Al-Ándalus en la localidad de Archidona y, así, los abasidas de Bagdag perdieron ese territorio. Creó un ejército profesional de 40.000 hombres, según Historia del ejército español (1984) del Servicio Histórico Militar.

Yusuf siguió actuando desde la rebeldía, y llegó a causar problemas a Abderramán (ya Abderramán I). Finalmente Yusuf fue asesinado por sus propias tropas. Otras revueltas fueron resueltas con gran dureza, de modo que el periodo de gobierno de Abderramán I se prolongó durante 32 años, hasta su muerte en 788. Fue sucedido por su hijo Hisham.

Mezquita de Córdoba, zona construida por Abderramán I Abderramán - 1280px Fale   Spain   Cordoba   25  - La complejidad de al-Ándalus: Abderramán I

Zona construida por Abderramán I de la Mezquita (Wikimedia)

En sus años de emirato comenzó la construcción de una de las joyas del patrimonio actual de España: la Mezquita de Córdoba. En el año 785 se decidió emplear el material de la basílica visigoda de San Vicente para ubicar allí la nueva mezquita.

Con este relato podemos acercarnos más a la realidad de Al-Ándalus. No fue, en absoluto, una organización política y militar libre de sublevaciones, conflictos y guerras internas. El emirato omeya iniciado por Abderramán I continuó hasta el año 929, momento en el que se rompen las relaciones con oriente proclamándose el califato de Córdoba (929-1031). A su término se produjo la fragmentación de Al-Ándalus en los reinos conocidos como Taifas.

Fuente

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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