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El valor de la etnología


La proliferación de museos etnológicos, de costumbres o de la vida rural nos hace reflexionar sobre su importancia. La etnología es la ciencia social que estudia y compara los diferentes pueblos y culturas del mundo antiguo y actual. Algunos autores la consideran una disciplina y método de investigación de la antropología. La Real Academia Española lo define como “Ciencia que estudia las causas y razones de las costumbres y tradiciones de los pueblos“.

Los museos etnológicos se encargan de mostrar al público cuáles son, o han sido, los hábitos culturales a través de objetos materiales y pruebas fotográficas o testimoniales. En ellos es habitual encontrar las herramientas con las que se trabajaba el campo, ropa, menaje o armas.

Aperos (herramientas) agrícolas: hoz, pala, hachas, horcas, sierra, zuela o hachazada, rastrillo, pico, azadas.
Aperos (herramientas) agrícolas: hoz, pala, hachas, horcas, sierra, zuela o hachazada, rastrillo, pico, azadas (Wikimedia).

Esto nos transporta a otras épocas o lugares, pero debemos saber que no son necesariamente lejanas. De hecho, hoy en día muchas personas viven ajenas a la tecnología que usamos diariamente y todavía emplean técnicas y herramientas que pueden verse en algunos de estos museos.

El objetivo de esta entrada es invitar a la reflexión sobre el tiempo y el espacio, dos ingredientes básicos para el estudio de la Historia. En muchas ocasiones, en nuestras burbujas urbanas, descubrimos que nos parecemos más a personas con un estilo de vida similar al nuestro de cualquier país del mundo que a una persona que vive a 50 kilómetros en la montaña y no tiene, ni siquiera, línea telefónica (o, incluso, luz). Las barreras geográficas se han reducido y la globalización ha hecho el resto.

Tenemos que mantener vivo el recuerdo de las tradiciones y de la llamada sabiduría popular. En ellas podemos encontrar muchos conocimientos útiles. Estamos en una época donde la artesanía o las formas de hacer tradicionales se van perdiendo en aras del ‘progreso’ y de la industrialización de todo. Por eso sería bueno que, mientras exista, aprovechemos cualquier oportunidad para acercarnos a ese otro mundo. Es un viaje en el tiempo en el que se aprenderán cosas que, quizá, nuestros nietos no puedan ver.

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