Retrato de Vlad Tepes

Drácula, entre la historia y la leyenda

El castillo de Vlad III, en Rumanía
El castillo de Vlad III, en Rumanía

Hace poco me llamó la atención una noticia sobre la posible venta del castillo del “conde Drácula”, ubicado en Rumanía. Un lugar emblemático envuelto en un halo de misterio y fascinación, en gran parte por la mítica novela que Bram Stoker elaboró basándose en este personaje histórico y que Bela Lugosi inmortalizaría en el cine hacia principios del siglo XX.

Pero cabe preguntarse ¿qué hay de histórico en esta figura? ¿Existió realmente? La respuesta es afirmativa, y actualmente se reconoce la inspiración que tomaría Stoker de un príncipe de Valaquia conocido como Vlad “Tepes” o Vlad Drăculea. Lógicamente, dejando a un lado su vampiresca esencia y todos esos elementos fantásticos que se le atribuyen. Aunque no andaba muy desencaminado el autor a la hora de mostrarlo como un personaje cruel y bastante temido por sus enemigos.

Vlad III de Valaquia, uno de los reinos que componían la actual Rumanía en el siglo XV, fue un príncipe ortodoxo posteriormente convertido al cristianismo (quién lo diría) que llevó a cabo una intensa labor militar destinada a frenar el expansionismo del poderoso Imperio Otomano. Una labor a la postre bastante reconocida, ya que actualmente es considerado un héroe nacional en su país.

Su vida estaría marcada por constantes conflictos a nivel tanto interno como externo. A su lucha con los otomanos, de quienes fue preso hasta los 17 años, hay que sumar la pugna por el trono que mantendría con Vladislav II, su exilio y  la posterior recuperación del poder en Valaquia, donde acabaría gobernando definitivamente hasta su muerte en 1476. Pero lo que más llama la atención es la gran cantidad de historias y leyendas que se contaban sobre él, muchas de ellas probablemente exageradas, pero que nos ponen en la pista de que se trataba de un personaje poco clemente con sus enemigos.

Retrato de Vlad Tepes
Retrato de Vlad Tepes

Por ejemplo, su apodo “Tepes” hace referencia a su predilección por una técnica de tortura como es el empalamiento, castigo que deparaba a ladrones, mentirosos y delincuentes de cualquier tipo, y que según se cuenta, se aplicaría a más de 40.000 personas durante el tiempo que duró su reinado. En la otra cara de la moneda, tenemos a un monarca que defendió a capa y espada a su reino del constante peligro de invasiones húngaras y otomanas, y que moriría luchando contra estos últimos, quienes lo decapitarían y llevarían su cabeza a Constantinopla como trofeo. Como cabía esperar, nuestro protagonista hizo algún que otro enemigo en su camino, y su fama le grajearía el odio de todos ellos, hasta el punto de que se dice que se negaron a enterrar su cuerpo en un lugar tan sagrado como el monasterio de Snagov, donde teóricamente se halla su tumba pero no hay más que restos de huesos de animales.

Más allá de su vida, ya de por sí llena de controversia, resultan curiosas las muchas otras leyendas que se contaban de él, como las múltiples formas de tortura que practicaba, desde la amputación de miembros hasta el estrangulamiento, la extirpación de ojos o el desollamiento. También se contaba que erradicó la pobreza en su reino de un modo un tanto peculiar y no precisamente humano, como fue concentrándolos a todos en sus casas y quemándolas, un episodio que está sometido a polémicas discusiones, y con respecto al cual hay muchos que defienden que aquellos a los que quemó eran delincuentes y no mendigos. En cualquier caso, tenemos otra muestra más de ese carácter implacable que tanto se le achacaba, que lo llevaría a ejecutar sin dilación a aquel que se saltase la ley o que supusiese un mínimo peligro para el orden establecido.

Como podemos comprobar, se trata de un personaje cruel y despiadado si nos fijamos en las fuentes y testimonios que tenemos sobre él, aunque hay muchos historiadores que defienden que este tipo de política basada en el terror como medio de control social era algo propio de la época y el contexto en que nos movemos, de manera que Vlad III no sería más que un hombre de su tiempo, al que no se puede juzgar con nuestra mentalidad actual.

El actor Bela Lugosi en su memorable actuación como el Conde Drácula.
Bela Lugosi en su memorable actuación como el Conde Drácula

El debate está servido, sobre todo si tenemos en cuenta la cantidad de historias cuya veracidad se desconoce. En cualquier caso, no deja de llamar la atención lo complejo de esta figura, que tanta fascinación ha despertado y que ha servido como inspiración para uno de los géneros de terror más exitosos de la actualidad, el de los vampiros. A propósito de lo cual, esta fama le venía por su afición a beber la sangre de sus enemigos derrotados, aunque sin colmillos de por medio, sino en una copa y contemplando los cuerpos empalados de éstos, como símbolo de poder.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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