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La sucesión de Napoleón Bonaparte, en entredicho

Con el paso del tiempo y las numerosas investigaciones y avances, la Historia se va reescribiendo y reelaborando, de tal manera que aspectos de ella que se daban por sentados o aquellos otros de cuya veracidad se dudaba empiezan a tambalearse. Y es que nos encontramos antes una ciencia “con pies de barro”.

No me malinterpreten, no apunto esto como un aspecto negativo del ámbito histórico. Más bien al contrario; si hay algo que me apasiona de la Historia es precisamente esta característica, este carácter abierto a nuevas interpretaciones, a matices y a una constante búsqueda del acercamiento a la verdad, al rigor.

13987715264887Se me viene a la cabeza esta reflexión al hilo un artículo que leí recientemente en el diario El Mundo, en el cual se afirma que Luis Napoleón, también conocido como Napoleón III, no guardaría ninguna relación de parentesco con el célebre artífice del Imperio Francés, Napoleón Bonaparte. Una noticia que ya poco puede cambiar con respecto a hechos políticos, sobre todo si tenemos en cuenta que hablamos de algo que ocurrió hace siglos, pero que confirma las sospechas y rumores que durante tanto tiempo se desataron en torno a este tema.

Según este estudio, la descendencia de uno de los mayores genios militares de la Historia acabaría con la muerte de su hijo, Napoleón II, mientras que el supuesto sobrino de éste último, nuestro protagonista, no guardaría ningún lazo familiar con él, ya fuera porque nació fruto de una infidelidad de su madre o por los otros motivos e hipótesis que se barajan. En cualquier caso, el que fuera presidente de la II República Francesa y último monarca del país vecino, es probable que se hubiese encontrado una gran oposición popular en caso de que en su época se hubiese demostrado este hecho. Es más, ya en aquellos momentos había una cantidad considerable de rumores que apuntaban a ello, si bien eran difícilmente demostrables.

Los "cuatro Napoleones"

Los “cuatro Napoleones”

Pero pensar en lo que hubiera supuesto sería “historia-ficción”, y no podemos pararnos a valorar qué hubiera o no hubiera ocurrido de haberse sabido antes, sino simplemente debemos valorar la importancia de este descubrimiento para la Historia, que nos permite ver la importancia de la labor científica en nuestro ámbito de estudio para acercarnos cuanto podamos a una visión lo más rigurosa posible de lo que ocurrió.

Sabemos bien que que difícilmente podremos conocer todo el pasado con total seguridad y que no hay verdades absolutas en la Historia, pero ello nos permite mejorar y permanecer siempre alertas en su estudio, con una conciencia y una actitud crítica y lo más objetivo y profesional posible. ¿Acaso hay algo mejor de la Historia que el hecho de ser una ciencia en constante renovación y reelaboración?

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Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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