Inicio Divulgación La Marsellesa: el origen de un canto revolucionario

La Marsellesa: el origen de un canto revolucionario


Hoy cumple 222 años uno de los himnos nacionales más conocidos del mundo y una pieza musical que tiene una rica historia. La Marsellesa, nombre con que se conoce al himno francés, es compuesta precisamente un 25 de abril de 1792 por el militar Rouget de Lisle, y rápidamente pasa de ser un cántico más de las tropas marsellesas en su camino a París a convertirse en el himno oficial del país vecino.

Rouget de Lisle, entonando por primera vez "La Marsellesa"
Rouget de Lisle, entonando por primera vez “La Marsellesa”

Pero sería interesante preguntarse en qué contexto surge y con qué intención. Para ello, debemos tener en cuenta que Francia, inmersa desde varios años atrás en la primera revolución liberal de la historia de Europa, se encontraba ahora en el proceso de cambios políticos y sociales trascendentales, que no toda Europa estaba dispuesta a aceptar. En efecto, Austria y Prusia deciden intervenir y mandar tropas en ayuda del monarca francés y el Antiguo Régimen que éste defendía y que quedaba cada vez más obsoleto.

Es entonces cuando las tropas marsellesas deciden marchar sobre París en ayuda de sus correligionarios, y será de su fervor revolucionario y su defensa a ultranza de los ideales que este movimiento proclamaba de donde surja este cántico, cuya letra puede servirnos para ver todo ese cúmulo de ideas de resistencia contra la intervención exterior y lucha contra el Antiguo Régimen:

Marchemos, hijos de la patria, que ha llegado el día de la gloria. El sangriento estandarte de la tiranía  está ya levantado contra nosotros.

¿No oís bramar por las campiñas  a esos feroces soldados? Pues vienen a degollar  a nuestros hijos y a nuestras esposas.

¡A las armas, ciudadanos!  ¡Formad vuestros batallones!  Marchemos, marchemos,  Que una sangre impura  empape nuestros surcos. ¿Qué pretende esa horda de esclavos,  de traidores, de reyes conjurados?  ¿Para quién son esas innobles trabas  y esas cadenas  tiempo ha preparadas?

¡Para nosotros, franceses! ¡Oh, qué ultraje!  ¡Qué arrebato nos debe excitar!  Es a nosotros a quienes pretenden sumir  de nuevo en la antigua esclavitud  ¡Y qué! ¿Sufriremos que esas tropas extranjeras dicten la ley en nuestros hogares,  y que esas falanges mercenarias  venzan a nuestros valientes guerreros?

¡Gran Dios! Encadenadas nuestras manos,  tendríamos que doblegar las frentes bajo el yugo. Los dueños de nuestro destino  no serían más que unos viles déspotas.  ¡Temblad, tiranos, y también vosotros, pérfidos, oprobio de todos los partidos!  ¡Temblad! Vuestros parricidas proyectos  van al fin a recibir su castigo.

Todos son soldados para combatiros. Si perecen nuestros héroes.  Francia produce otros nuevos  dispuestos a aniquilaros.  ¡Franceses, como magnánimos guerreros  sufrid o rechazad los golpes! Perdonad estas pobres víctimas  que contra su voluntad se arman contra nosotros. Pero esos déspotas sanguinarios,  pesos cómplices de Bouillé,  tesos tigres que, sin piedad, desgarran el corazón de su madre… 

Nosotros entramos en el camino cuando ya no existan nuestros mayores; allí encontraremos sus cenizas  y la huella de sus virtudes.   No estaremos tan celosos de seguirles  como de participar de su tumba;  ¡Tendremos el sublime orgullo  de vengarles o de seguirles ¡Amor sagrado de la patria,  Conduce y sostén nuestros brazos  vengadores!  ¡Libertad, libertad querida,  pelea con tus defensores  ¡Que la victoria acuda bajo tus banderas  Al oír tus varoniles acentos!  ¡Que tus enemigos moribundos  vean tu triunfo y nuestra gloria!

800px-Jacques_Bertaux_-_Prise_du_palais_des_Tuileries_-_1793_Sin duda, se trata del canto revolucionario por excelencia, a veces considerado demasiado hostil o beligerante como para ser utilizado como himno nacional. De hecho, no siempre lo ha sido, y llegó a ser retirado durante la época del Imperio y la Restauración Absolutista del siglo XIX, para ser restablecido durante la II República hasta nuestros días, con el paréntesis de la II Guerra Mundial, cuando la Francia ocupada del gobierno de Vichy la prohibió y pasó a considerarse una manifestación de la resistencia del pueblo francés ante el dominio nazi.

A los más cinéfilos esto último les puede evocar a la mítica escena de la película Casablanca en la que Victor Laszlo y sus camaradas entonan “La Marsellesa” para acallar el canto de los soldados alemanes en el bar de Rick. Una escena emblemática sobre lo que significarían sus versos en este contexto y sobre lo que llegaría a representar en la resistencia contra el nazismo.

[youtuber youtube=’http://www.youtube.com/watch?v=0MBdMe9MplA’]

Necesitamos su apoyo para hacer sostenible el proyecto.
Suscríbase y reciba nuestras revistas en papel y más ventajas.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

(Spamcheck Enabled)