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En busca del topónimo perdido

Castrillo Matajudíos, un pequeño pueblo de Burgos, se halla inmerso en una situación un tanto controvertida en los últimos días. Y es que el próximo 25 de mayo va a someter a las urnas la decisión de sustituir el nombre con el que tradicionalmente se ha conocido, algo que supone un cambio importante pero sobre lo que hay que pararse a considerar, sobre todo teniendo en cuenta que éste pudiera venir por un error de traducción de época medieval.

ayuntamiento-castrillo-matajudios-19978605Al parecer, esta dilema se remonta a unos cuantos años atrás, cuando en 2009 se comienza a investigar en torno a la colina del pueblo, donde se pensaba que se asentó la población judía llegada desde el pueblo vecino de Castrojeriz allá por el siglo XI, en que la Península Ibérica era escenario de enfrentamientos y disputas entre diferentes reinos y grupos religiosos.

Según se ha descubierto, el primer nombre del pueblo sería el de Castrillo Motajudíos, según podemos ver a través de documentos posteriores, del siglo XV, lo que hace que los historiadores empezaran a plantearse si realmente el nombre de Matajudíos es un añadido o una modificación, intencionada o no, que actualmente podría tener connotaciones bastante negativas o políticamente incorrectas.

Estas investigaciones empezaron a arrojar luz al asunto hasta que se descubrió que lo más probable es que un escriba del siglo XVII renombrase por sí mismo al pueblo en las crónicas, de manera que a partir de entonces se empezase a generalizar el nuevo nombre. ¿Pudo ser un error de escritura, un lapsus? Puede, pero hay sectores que opinan que todo ello tiene un por qué, y para ello argumentan, no sin razón, que unos siglos antes del famoso error del escribano, los judíos fueron expulsados de la Península por los Reyes Católicos y no se tenía muy buena imagen de ellos en nuestro país.

Castrillo MatajudiosPara añadir más hierro al asunto, las connotaciones que ha podido adquirir un topónimo así a lo largo de la Historia, y sobre todo con el Holocausto llevado a cabo por los nazis en el siglo pasado, ha hecho que cada vez más habitantes del pueblo vean con buenos ojos la opción de rebautizar a su localidad, o ponerle el nombre que tuvo en un principio, según se vea.

Sea como sea, de momento es un caso que queda guardado en el cajón de enigmas de la Historia, que ojalá algún día podamos abrir, pero que nos sirve para ver cómo una acción relativamente insignificante en la historia de un pequeño pueblo puede dar de qué hablar muchos siglos después.

Ahora queda en manos de los no más de 60 votantes saber si se optará por una u otra opción, pero en cualquier caso no deja de resultar curioso cómo la Historia está presente en nuestro día a día y en cualquier rincón del mundo.

Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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