Divulgación

Los druidas: entre el mito y la realidad

Panorámix

Panorámix

Recuerdo que los cómics de Astérix y Obélix de los grandes René Goscinny y Albert Uderzo me fascinaban. También había dibujos animados y, luego, la recreación de sus aventuras en películas con personas de carne y hueso. De todos los personajes mi favorito era Panorámix, el druida. Las historietas de Goscinny y Uderzo me sirvieron de enlace para interesarme por los galos, los celtas y su cultura. Una prueba más de que la ficción, sea en novela, cine o cualquier otra forma, consigue atrapar a las personas y generarles interés en la historia o una parte de ella.

El número 121 de la revista Historia de National Geographic hay un artículo que explica algunas cosas sobre qué eran los druidas en realidad. Se titula: “Los misteriosos filósofos de la Galia: los druidas”, y lo escribe Jean-Louis Brunaux, director de investigación del Consejo Nacional de Investigación Científica, CNRS (París).

Sería interesante que quienes estén interesados en este asunto lean el artículo de la revista, pero aquí vamos a divulgar algunos aspectos relevantes del mismo. Por ejemplo, el punto de partida es que los druidas han quedado como magos o brujos en el imaginario colectivo, pero sin embargo eran, en realidad, filósofos y teólogos. No solo ostetaban el poder espiritual, sino que tenían una gran influencia en el poder político, hasta el punto de que en algunos momentos los reyes eran, más bien, ministros de su poder.

También eran personas muy prestigiosas, y consiguieron que su figura emergiera entre las otras dos órdenes religiosos existentes: los bardos (poetas que cantaban) y los vates (practicaban la adivinación mediante el sacrificio de animales y personas). Por otra parte, tenían una larga y exigente educación, y por ello eran excelentes maestros. Pero tenían una particularidad: no dejaban su sabiduría por escrito, y todas las enseñanzas se transmitían de forma oral.

Los alineamientos de Carnac

Los alineamientos de Carnac

Eran personas muy vinculadas a la naturaleza, y solían emplear plantas para crear remedios contra diferentes enfermedades. Encontraron muy útil el muérdago, por ejemplo. En el plano espiritual, concebían la divinidad con el cosmos completo, y creían en la reencarnación perpetua. La vida terrenal carecía de valor para ellos, y solo les importaba la pureza del alma. Pero, además de su dimensión teológica, pusieron su conocimiento al servicio de tareas muy variadas como la física, la química, la botánica, zoología o la geología.

Además del artículo de Brunaux en Historia National Geographic, hay un acta de congreso de Israel Quevedo Puchal titulado “Druidas: del mito al hombre”, que puede consultarse al hacer clic aquí. Quevedo Puchal hace un recorrido sobre la figura de los druidas y explica el origen de ese mito (relacionándolo con el Romanticismo). También refiere la posición de los druidas en el tipo de sociedad en el que vivían y esclarece algunos aspectos misteriosos de una figura como la de los druidas, que ha generado mucho interés en el pasado, y todavía hoy sigue haciéndolo.

Fuentes

Acerca del autor

Álvaro López Franco

Editor y director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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