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La muerte de Stalin: el fin del «culto a la personalidad»

Con la muerte de Stalin comenzó el proceso de desmitificar la personalidad del líder soviético, que hasta entonces se había constituido como una figura incuestionable e inquebrantable.

El 5 de marzo de 1953 falleció el íder y dictador soviético Iósif Stalin, al frente de la URSS desde 1924 hasta su muerte. La repercusión de este episodio se haría notar en la política llevada a cabo dentro de la que por entonces era una de las grandes potencias mundiales, la URSS, a cuyo frente se situaría Nikita Jrushchov, y donde se iniciaría un proceso de desestalinización, lo que supondría el fin del llamado «culto a la personalidad»  y el acaparamiento de poder que hasta esos momentos había llevado a cabo el líder soviético.

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En este cambio podemos situar como fecha clave la de 1956, cuando Jrushchov lee un comunicado a los miembros del PCUS (excluyendo de esta reunión al resto de dirigentes comunistas de otros países) en el que denuncia los abusos cometidos por su anterior líder y condena la actuación llevada a cabo por éste, renegando de una política que se consideraría un atentado contra el propio Partido y la URSS. Este informe sería secreto en un primer momento, si bien acabaría saliendo a la luz pública y siendo conocido por el resto del mundo, y en él se señalan acontecimientos como las deportaciones, la incapacidad bélica de Stalin, su recelo hacia cualquier otra figura que pudiera hacerle sombra o la represión que desataría contra sus enemigos políticos y todos aquellos que se salieran de su ortodoxia.

Se trata, en resumen, de un proceso por el cual se comienza a desmitificar la personalidad del líder soviético, que hasta entonces se había constituido como una figura incuestionable e inquebrantable, pero con la cual se quiere romper entonces, a fin de dar un nuevo y diferente rumbo político a la Unión Soviética.

Según palabras del propio Jruschov, «la glorificación de una persona, su elevación al rango de superhombre con cualidades sobrenaturales comparables a los de un dios» debería ser prohibida porque «es una idea contraria a los principios del marxismo-leninismo».

Y con base en este viraje político, se llevan a cabo medidas como la progresiva puesta en libertad de muchos de los prisioneros políticos de Stalin, si bien es muy probable que todo ello responda a intereses y motivos políticos, más que a una actitud solidaria para con aquellos que sufrieron los abusos del régimen.

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Acerca del autor

Miguel Vega Carrasco

Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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