Divulgación

Las atenciones a la infancia en el siglo XVIII

En ocasiones nos preguntamos cuáles son los orígenes de la situación social que vivimos en la actualidad: cuándo empezaron a preocuparse por el bienestar de los ancianos, el momento en el que la mendicidad preocupó al Estado y empezaron a abrirse centros para atender este problema o cuándo los niños tuvieron más atención por parte de los Gobiernos.

La respuesta a estas preguntas, como siempre, suele darla la investigación histórica. La especialización que requiere este tema también hace que la sociología y el trabajo social se preocupen por profundizar en ello para poder comprender mejor la evolución y la realidad social del pasado.

Sobre la infancia, encontramos un número monográfico muy interesante de la revista El futuro del pasado. Es el volumen 4, de 2013, y su título es «La infancia: historia y representación». Todos los artículos de ese volumen tienen un alto grado de interés, pero para hoy he elegido el que se dedica a hablar de las atenciones a la infancia en el siglo XVIII. Lo escribe la doctora Elena Martínez Alcázar de la Universidad de Murcia.

La autora explica que, a través del análisis de obras literarias, sermones, tratados, artículos de prensa periódica y testamentos e inventarios de bienes, consigue acercarse a cuáles eran los cuidados que recibían los niños durante los primeros años de su vida en el siglo XVIII. Ella concluye que la Ilustración, como superación de las ideas del Antiguo Régimen, introdujo que debía mejorarse ese periodo de la vida «para conseguir individuos activos, sanos y vigorosos».

La documentación que analiza permite argumentar que hubo dos posturas encontradas en ese siglo: por un lado el dominio que aún mantenía la Iglesia por cualquier asunto corporal y por el otro los avances higiénico-sanitarios de la ideología moderna. Insiste en que la Ilustración preconizaba la crianza de los niños para que fueran útiles para el Estado, y que esa labor debía hacerse desde que eran niños. Pero, a pesar de las nuevas ideas, se mantuvieron antiguas costumbres. Finaliza su artículo diciendo que es un «aspecto revelador de una de las características más destacables de la España dieciochesca, la convivencia, difícil en ocasiones, de lo tradicional y lo moderno».

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Acerca del autor

Álvaro López Franco

Director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

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