Divulgación

El negacionismo del Holocausto

Ayer, Miguel Vega escribía sobre la teoría de que la invasión musulmana de España en el año 711 no había sido tal. Explicó que, a pesar de que parece claro que sí que se produjo tal conquista por las pruebas que avalan la teoría actual, no hay que descartar nuevos descubrimientos que podrían producir la reescritura de la historia. Extraigo una parte de su artículo:

«Consideramos que hay que tener mucho cuidado a la hora de dar por buenas o por malas las diferentes fuentes y las interpretaciones a las que puedan ser sometidas, de manera que no todas las reelaboraciones de la historia son teorías infundadas, sino que en muchas ocasiones conviene cuestionarse lo que hasta entonces se daba por verdadero. Por supuesto, siempre y cuando haya pruebas sólidas y fuentes que lo avalen».

Fue una grata coincidencia que él escribiera sobre esto cuando yo pasaba un mal día leyendo las teorías del negacionismo del Holocausto. Existe un grupo considerable de personas que defienden que el Holocausto producido por la Alemania Nazi, encabezada por Hitler, contra judíos y gitanos no ocurrió, sino que es fruto de una manipulación planificada y, en definitiva, un fraude.

En general esta teoría, como otras teorías de la conspiración, se basa en ofrecer argumentos falaces y, sobre todo, utilizar declaraciones incompletas de fuentes notables o falsearlas debido a la dificultad de cualquier persona media de acceder al documento original. Esto lo explica bastante bien Ken McVay, quien decía:

Citan una fuente histórica: «KK Campbell dice en la página 82 de su famoso libro que nadie murió en Auschwitz». Luego uno va a la Biblioteca del Congreso y busca KK Campbell, página 82, y encuentra que lo que realmente dijo fue: «Fue un buen día en Dachau». Consiguen sacar esto adelante porque saben malditamente bien que la mayoría de la gente no tiene tiempo de acercarse a la Biblioteca del Congreso. Pero la gente los lee y se dicen a sí mismos, «¿quién mentiría sobre algo así cuando es tan fácil probar que se equivocan? Deben estar diciendo la verdad».

En cualquier caso hay que decir que estas teorías tienen un fuerte impacto en las personas por su evidente atractivo y porque, a simple vista, ofrecen argumentos razonables y creíbles. Solamente gracias a la labor de los historiadores y la importantísima recuperación de la memoria histórica pueden explicarse los acontecimientos de manera seria, rigurosa y con garantías de veracidad.

Cadáveres de prisioneros del campo de concentración de Bergen-Belsen, Fosa Común 3 (abril de 1945)

Cadáveres de prisioneros del campo de concentración de Bergen-Belsen, Fosa Común 3 (abril de 1945)

El mundo de las conspiraciones y, concretamente, del negacionismo del Holocausto da para llenar muchas páginas y escribir libros completos. Quizá haya artículos posteriores en Descubrir la Historia al respecto. Pero sí creo importante, en este primer contacto con él, que los lectores puedan saber las formas habituales de reaccionar a las técnicas utilizadas por los negacionistas.

  • Rechazo total a discutir estas ideas porque, de hacerlo, se les estaría dando una legitimidad injustificada.
  • Denunciar los métodos y las motivaciones de los negacionistas, a la vez que tratar de de restarles legitimidad (Deborah Lipstadt es un ejemplo de este grupo de historiadores).
  • Hacer frente a la negación del Holocausto directamente utilizando los argumentos y alegaciones formuladas por los negacionistas señalando los errores e incorrecciones de sus declaraciones.

También hay diferentes formas de legislar sobre el negacionismo. Por ejemplo, hay países con leyes que castigan la formulación de dichas teorías. Sin embargo, Noam Chomsky considera que es escandaloso que se formulen leyes contra la libertad de expresión dos siglos después de que Voltaire defendiera el derecho a la libre expresión de ideas que él detestaba (Chosmky se declara contrario a las teorías negacionistas del Holocausto).

Por tanto, y aquí me alineo con Chomsky y con lo que decía ayer Miguel Vega en su artículo, creo que es necesario que no se impida que se expresen ideas como el negacionismo del Holocausto, es decir, que se permita la libertad de expresión. En esto también coincide Deborah Lipstadt (decía que se siente «incómoda con que se encarcele a las personas por su discurso»).

El Premio Nobel Elie Wiesel define el Holocausto como «la tragedia más documentada en la historia. Nunca antes una tragedia ha suscitado tantos testimonios por parte de los asesinos, de las víctimas e incluso de los millones de piezas transeúntes que tiene el museo, todos los demás museos, archivos por miles, por millones». De modo que hay pruebas más que suficientes para contradecir a los negacionistas, solo hay que saber comunicarlo con eficacia para que llegue a las personas que, por desconocimiento, creen este tipo de teorías.

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Acerca del autor

Álvaro López Franco

Editor y director de Descubrir la Historia. Periodista. Doctorando en la Universidad de Málaga. Investigo sobre Historia de la Comunicación Social e Historia Contemporánea.

2 comentarios

  • Hola Álvaro. Muy buen artículo. El tema de respetar la libertad de expresión me genera muchas dudas. El perfil del negacionista es el de una “persona” que no sabe de lo que está hablando, pero tampoco tiene interés en aprender. Lo mismo ocurre con los conspiranoicos que se lanzan a publicar vídeos con voces de loquendo cada vez que acontece un atentado en Europa, con sus teorías de falsa bandera y demás estupideces. Creo que confiar en la buena fe de esta gente es mucho confiar, y es muy peligroso dejarles propagar sus teorías sin que haya consecuencias. Los jóvenes viven en Internet, es muy fácil que acaben viendo alguno de esos vídeos o leyendo según qué cosas y se dejen influenciar por ellos. En cualquier caso creo que es un tema mucho más grave de lo que parece, porque cada vez son más, y cada vez llegan a más gente.

    Un saludo

    • Hola, Jose. Me alegra que te haya gustado el artículo y también leer tu comentario. La libertad de expresión es un tema muy complejo, y todavía tiene un desarrollo ético en las ciencias de la comunicación y, por supuesto, en el ámbito legislativo. Con ello quiero decir que existen diferentes opiniones, y que es difícil establecer alguna como una premisa universal válida. Dicho esto, sí que podemos percibir problemas derivados de ello, como la difusión sin control de ideas negacionistas o que fomentan la conspiración. No sé hasta qué punto es posible limitarlas en un sentido estricto. Pero la obligación de medios de comunicación y organizaciones que consideren la Historia como algo muy serio —como ésta, la Asociación Descubrir la Historia—, es explicar los acontecimientos históricos para contraargumentar.

      Un saludo, y gracias por comentar.

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