Novecento, crónica de una Italia convulsa

El cine, en su función de manifestación cultural y artística, puede constituirse como una forma de ver y representar una realidad. Desde los confines de lejanas galaxias hasta épocas remotas del pasado o situaciones que pudieron ser y nunca fueron; todo ello tiene cabida en los límites que nos marca la pantalla. Siendo así, no debe resultar extraño que la Historia se convierta en un tema muy tratado en este ámbito y que sirva como pretexto para enmarcar otras historias más concretas y cercanas, historias sobre personajes ficticios pero que pueden presentar gran similitud con otros más reales y que nos pueden resultar verdaderamente familiares.

Tal es el caso de Novecento, obra del director italiano Bernardo Bertolucci, en la que se narra su propia visión sobre la Italia de la primera mitad del siglo XX a través de la vida de dos personajes que representan a los dos grandes grupos sociales y las principales tendencias políticas e ideológicas de un momento de gran crispación y tensión social. La historia comienza con el nacimiento de Alfredo, hijo del patrón de la hacienda Berlinghieri; y Olmo, hijo de un campesino al servicio de éste. Desde la infancia, ambos estarán muy ligados por una relación de amistad, a pesar de su diferente condición no sólo social sino también personal, y la evidente diferencia de formación y educación que reciben.

Novecento_1900-197074118-largeConforme avanza la narración, de la que no quiero desvelar mucho más detalles, seremos testigos de importantes acontecimientos históricos tales como el surgimiento del movimiento comunista en Italia y la difusión y buen recibimiento de éste entre los campesinos, sometidos a una larga situación de explotación por parte de los patrones. Pero también podremos ver la repercusión del estallido de las dos guerra mundiales y la aparición, auge y caída del fascismo. Fenómenos que afectarán de manera radical, y como no podía ser de otra forma, a nuestros protagonistas, que los vivirán muy de cerca y que se verán obligados a posicionarse en un conflicto político-social en el que guardarán posturas contrarias e irreconciliables. Es el enfrentamiento entre patrones y campesinos y su mayor o menor aceptación del régimen fascista que se estaba gestando, que no dejaría a nadie indiferente.

Como cabe esperar, la película en sí no es un documento histórico totalmente fiable, ya que no es esa su función. Se trata de dar el punto de vista de una persona, como es Bertolucci, que ofrece una imagen un tanto idealizada del movimiento comunista, sobre todo en los últimos compases del film. No obstante, ello no impide que se ofrezca un retrato social bastante fiel de una Italia tan turbulenta como fue la de principio del siglo XX, y que se muestren fenómenos históricos tan interesantes como las luchas sociales y el surgimiento de movimientos como el fascista o el comunista, desde el punto de vista de aquellos que lo vivieron en primera persona. Podríamos decir que cuenta una historia relativamente real, o al menos fidedigna a lo que pudo ocurrir, con personajes ficticios, y tomando como base la Historia (esta vez sí, con mayúsculas).

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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