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La polémica está servida: la muerte de Prim


El día 27 de diciembre de 1870 el general Juan Prim y Prats salía del Parlamento tras una jornada de preparativos para la llegada de Amadeo de Saboya. Se dirigió a su berlina, tirada por dos caballos, acompañado de Nadín (su ayudante personal) y el coronel Moya. El coche hizo su ruta habitual, y en la calle del Turco (actual Marqués de Cubas) tuvo lugar el atentado que, finalmente, acabaría con su vida.

Juan Prim, por Luis de Madrazo
Juan Prim, por Luis de Madrazo

La historia que conocemos es que había dos carruajes atravesados, impidiendo el paso por la calle, y que el cochero tuvo que detenerse. A continuación tres personas se dirigieron al coche de Prim, armados, y consiguieron hacer fuego sobre el general. El conductor de su coche reaccionó y consiguió desprenderse de los agresores. Se dirigieron al Ministerio de la Guerra y allí los médicos atendieron tanto a Prim, que había sido herido en el hombre, como Nadín, que al intentar protegerle había sufrido graves heridas en una mano.

La polémica arranca en este punto. La versión oficial dice que murió por una infección producida por las heridas a los tres días del atentado, el día 30 de diciembre de 1870. Pero en 2012 la Comisión Prim, formada por investigadores del departamento de Criminología de la Universidad Camilo José Cela y encabezada por el periodista Francisco Pérez Abellán, llegó a la conclusión de que el general Prim murió estrangulado por unas marcas que había en el cuello del político catalán.

Ayer, en el programa Cuarto Milenio —la referencia al programa Cuarto Milenio se debe a que hablaron de este tema, que ha sido polémico en los últimos meses, no porque demos credibilidad a un programa que destaca por acercarse a lo que nos rodea desde una perspectiva alejada de la ciencia, algo que no compartimos en Descubrir la Historia—, trataron este tema con el propio Pérez Abellán, que explicó que habían tenido muchas trabas para realizar su investigación, dando a entender que se trataba de una conspiración compleja que trataba de ocultarse en la actualidad. También argumentaba que se trataba de un asesinato dentro de una guerra masónica, y que los magnicidios posteriore de la Historia de España estaban relacionados también con el de Prim: Cánovas del Castillo, Canalejas, Eduardo Dato y Carrero Blanco.

Sin embargo, según publican algunos diarios como Público y El Mundo, un equipo de científicos de Medicina Legal de la Universidad Complutense de Madrid realizaron una autopsia al cuerpo de Prim y, tras numerosas pruebas, concluyeron que Prim no había muerto estrangulado, y que las marcas del cuello se corresponden con fenómenos post-mortem, en concreto por la presión prolongada de la vestimenta tras su muerte.

En cualquier caso, es interesante que se quieran reabrir debates de la historia, siempre que se haga con respeto y rigor. Según publica Wikipedia, los investigadores de la Universidad Camilo José Cela se desvincularon finalmente del proyecto por su carácter conflictivo y porque llegaron a un acuerdo de confidencialidad sobre las fotos del cuerpo, que terminaron saliendo a la luz.

Podríamos entrar en el círculo y creer que todo es posible, que todavía hoy continúa la conspiración, impidiendo trabajar a los investigadores y facilitándolo a otros para que avalen la versión oficial. Es algo que a nosotros no nos corresponde valorar, ya que no tenemos todos los datos. Lo que debemos considerar es que uno de los valores de la ciencia histórica es construir relatos veraces, con un alto nivel de rigor y objetividad. Además, es importante que se publique la información, haciéndola accesible a todo el mundo, y dando la oportunidad a otros investigadores de replicar los estudios.

Fuentes

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