Los representantes de las potencias vencedoras: David Lloyd George, Vittorio Orlando, Georges Clemenceau y Woodrow Wilson

Tal día como hoy, en 1919, se inician las sesiones para la Conferencia de la Paz de París, con la que se pretendía poner fin de manera definitiva a la que fue llamada “La Gran Guerra” (posteriormente bautizada como I Guerra Mundial visto lo cruento de su sucesora), y establecer un nuevo orden político a nivel mundial, con la remodelación de las fronteras entonces establecidas y los pagos e indemnizaciones que se impondrían al bando vencido.

Esta reunión, orquestada por los representantes de las principales potencias vencedoras, se encargaría de establecer las nuevas bases del juego político, de dar forma a una nueva organización del mapa europeo con el fin de conseguir una paz que, como sabemos, resultaría verdaderamente efímera. Y cabe preguntarse entonces, ¿por qué duró tan poco tiempo el periodo de relativa paz que se produce entre la I y la II Guerra Mundial? Principalmente, porque son las medidas tomadas en esta Conferencia las que, sumadas a otra serie de factores igualmente determinantes, acabarían por dar lugar al estallido de la última, de manera que el periodo llamado “de entreguerras” estaría dominado por una creciente tensión político-social y una situación caótica que originaría los condicionantes y causas principales para el estallido del que sería el mayor conflicto bélico del siglo XX.

Los representantes de las potencias vencedoras: David Lloyd George, Vittorio Orlando, Georges Clemenceau y Woodrow Wilson
Los representantes de las potencias vencedoras: David Lloyd George, Vittorio Orlando, Georges Clemenceau y Woodrow Wilson

En esta asamblea, las potencias aliadas de Reino Unido, Francia, Estados Unidos e Italia (esta última en menor medida, pues era la menos poderosa) trataron de obtener el reconocimiento por parte de Alemania y las potencias que la apoyaron de su culpabilidad y su responsabilidad en el estallido del conflicto, de manera que se le pudieran imponer así una serie de indemnizaciones de guerra para con los países a los que se había enfrentado (principalmente, los aquí citados). Así, se acabarían imponiendo cuantiosas multas a las que habría de hacer frente durante un largo periodo de tiempo así como la pérdida de gran cantidad de territorios que irían a parar a manos de los aliados o darían lugar a nuevos países.

Es por ello que se produce el desmembramiento de los grandes imperios territoriales (el austrohúngaro, el alemán, el ruso y el otomano) y se acaba finalmente con las hostilidades, pero lo cierto es que el Tratado de Paz de París, a largo plazo, demostraría no haber sido una solución eficiente, ya que las decisiones allí tomadas serían vistas  por Alemania como un castigo excesivo y fruto de las desavenencias con los otros países.

Y todo ello daría lugar a la gestación y propagación entre el pueblo alemán de un sentimiento de rechazo hacia estas otras potencias, lo que finalmente acabaría dando el poder a Hitler y derivaría en su política expansionista y totalitaria con el fin de vengar esa “humillación” a la que consideraban que habían sido sometidos. Pero si además, tenemos en cuenta que uno de los principales problemas que originó la I Guerra Mundial, como es el de los nacionalismos en la Europa del Este y su radicalización, no sólo no se solucionó sino que se agravó aún más, el caldo de cultivo para una próxima contienda a gran escala era el ideal, y se empezaba a vislumbrar la posibilidad de que el mundo volviera a caer en las garras de la hostilidad y la beligerancia, como finalmente ocurrió.

Escrito por
Miguel Vega Carrasco

Licenciado en Historia y Máster en Historia del Mundo.

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